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Antonio Papell

Reconstrucción y presupuestos 2021

La crónica política que nos llega, refrescante, desde Cataluña, apuntaba a que el "nuevo" PP de Casado, ya sin Cayetana vociferante, "busca un adelanto electoral con su rechazo a negociar las cuentas" del Estado. Piensa Casado que existe una incompatibilidad irresoluble ente los posibles socios del PSOE y de Sánchez, por lo que el obstruccionismo obrará el prodigio de provocar la fractura y la anticipación electoral.

También se ha filtrado que por la misma razón Casado ni siquiera está dispuesto a pactar con Sánchez la renovación de las instituciones, pero la realidad es compleja: por una parte, no es verdad que no se pueda gobernar sin presupuesto, sobre todo gracias a la manga ancha que ha mostrado el Tribunal Constitucional al dar validez a decretos ley que no son de "extraordinaria y urgente necesidad". Por otra parte, desde el punto de vista político y moral, no parece muy decente que el objetivo principal de un gran partido político con vocación de gobierno sea desgastar y expulsar al antagonista y no ganarse a pulso el apoyo de los electores. Y la opinión pública puede percatarse de ello.

Lo lamentable de todo esto es que el gobierno de turno tiene una tarea ingente que afrontar, y que su labor sería más fácil si contara con una base sólida en que apoyarse, participada por el poder y por la oposición. Los quehaceres del inmediato futuro son los siguientes: en primer lugar, hay que encajar los 140.000 millones de euros procedentes de Bruselas entre 2020 y 2021, que no sólo han de reparar las averías causadas por la pandemia sino también impulsar la modernización que pretende la UE de forma que la salida de la crisis no sea una realidad averiada sino un escenario de modernidad. Las inversiones han de centrarse, por tanto, en los tres objetivos marcados por la Comisión: digitalización, descarbonización, formación.

En segundo lugar, hay que ponderar con objetividad las necesidades reales de este país, dado que la pandemia se ha reproducido poco después del desconfinamiento y estamos sumidos en un proceso de desenlace desconocido. De momento, Alemania ha destinado 10.000 millones de euros más a la extensión de los Kurzarbeit, equivalentes a los ERTE españoles, hasta finales de 2021. No cabe duda de que ciertas actividades españolas, el turismo en primer lugar, sólo se salvarán de la ruina definitiva con una extensión semejante de las ayudas públicas. Francia, por su parte, que acaba de cambiar de primer ministro, ha decidido destinar 100.000 millones de euros más a la reactivación de la economía, dado que la recesión será mucho más profunda que la prevista. Habrá que ver si las aportaciones suplementarias a nuestra poscrisis vienen también de Europa o tenemos que financiarlas con cargo al déficit.

En tercer lugar, el país tiene pendientes determinadas reformas estructurales que son necesarias para que la proyectada modernización pueda tener lugar. No existe una condicionalidad estricta, como es notorio, que vincule las ayudas europeas a las reformas internas, pero sí es preciso avanzar en los cambios estructurales si queremos que la modernización tenga donde sustentarse.

Tales reformas estructurales son básicamente tres: una, la de la seguridad social; como ha explicado con caridad la Airef, no se trata de introducir recortes sino de conseguir la sostenibilidad mediante una atribución correcta del gasto. Ni las ayudas/pensiones no contributivas ni otras partidas que hoy son financiadas con cargo a la Seguridad Social deben permanecer en esta situación. Urge por tanto modificar la estructura presupuestaria, y si así se hace y se reequilibran ingresos y gastos, no será necesario renunciar a la actualización de las prestaciones con el IPC.

La segunda reforma pendiente es la laboral, que debe restituir a los trabajadores el derecho de negociación colectiva, quebrantado por la prevalencia del convenio de empresas sobre el de sector, y que ha de reducir la temporalidad reduciéndola a aquellas tareas que son realmente temporales. Y la tercera es la elaboración de una nueva norma de estabilidad presupuestaria, vinculada a la reforma fiscal que no puede demorarse.

Todo esto ha de hacerse de un modo u otro, y es triste que la oposición no entienda que también está convocada a la ceremonia.

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