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Mallorca A. D. MMXXV

Estamos en 2025: volvamos al pasado y recordemos los últimos cinco dramáticos años

Nos encontramos a comienzos del año 2025. La población de Mallorca se ha reducido en 300 mil personas, ahora sólo somos 700 mil. Pero volvamos al pasado y recordemos los últimos cinco dramáticos años. Juan Gaitán ya lo escribió en su día: "Esta pandemia es real y tiene la decidida vocación de acabar con nuestro mundo".

2020. Después del largo confinamiento sufrido por la población, en julio se reactivaron los rebrotes y el Govern de las IB fue introduciendo nuevas normas de obligado cumplimiento. Se prohibió fumar en las calles, se obligó a llevar siempre la mascarilla, a lavarse las manos, a mantener distancias de seguridad. Los ciudadanos en su mayoría respetaban la normativa, sin embargo, según pronosticaba Emilio Arteaga, responsable de microbiología del Hospital de Inca, "?los jóvenes son los que se mueven, se juntan y actúan de diseminadores". Las multas a los infractores no eran argumentos suficientes, gabinetes jurídicos se especializaron en recurrir las mismas y al final nadie pagaba. Los casos de infectados fueron en aumento y las camas hospitalarias se fueron llenando hasta desbordarse. El Govern medicalizó hoteles y obligó a confinamientos perimetrales. El nuevo curso lectivo empezó, pero tuvo que interrumpirse ocasionando graves problemas a estudiantes y a sus familias. La comunidad docente, sindicatos y la Conselleria de Educación seguían enfrascados en discusiones para resolver el problema.

2021. A principios de la primavera, la pandemia seguía extendiéndose por todo el mundo. Según la OMS la curva pandémica contaba ya 400 millones de infectados y se habían contabilizado 24 millones de muertos oficiales. Los países mas afectados eran Brasil, Méjico y Nigeria. España lideraba las estadísticas negativas en Europa. Las vacunas que China estaban experimentando en soldados "voluntarios" del ejército no tenían el éxito esperado. Los US americanos y en especial su industria farmacéutica seguía ensayando con microorganismos y su efecto sobre el sistema inmunológico, pero sin resultados convincentes. Los rusos no informaban en detalle, sin embargo, corrían rumores de que los test experimentales provocaban la caída del pelo y la esterilidad.

Este panorama desolador iba acompañado por el derrumbe global de la economía. En primer lugar, cayó la tan sensible industria turística. Los viajes a Mallorca en comparación con 2019 se habían reducido en un 98%. Cierres en cadena de hoteles, compañías de aviación, agencias de viaje y touroperadores. Numerosas empresas dependientes entraron en suspensión de pagos. El efecto multiplicador de esta recesión en Baleares fue la pérdida de miles de puestos de trabajo y la dependencia de los ERTE y otras bondades del Gobierno para poder sobrevivir. Muchos empadronados tuvieron que abandonaran la isla para regresar a sus lugares de origen. Otros, viejos y jóvenes, murieron a consecuencias de la enfermedad. Aquel verano fue por tanto una época de supervivencia, sin alegrías ni fiestas patronales.

2022. La curva de la pandemia se había disparado, se suponía que el virus iba mutando frecuentemente. En Baleares había más de 50 mil positivos activos. Las UCI estaban desbordadas. Un 30% de profesionales sanitarios estaban infectados. En enero al declararse el estado de excepción en todo el país, quedaron suspendidas las libertades en las islas. Había motivos para ello, robos, atracos, inseguridad permanente. Sólo podía salir de casa aquél que por suerte tenía trabajo o para ir a comprar comestibles o medicinas. Los ahorros se fueron consumiendo y esto provocó reunificaciones familiares. Se abandonaron viviendas y los okupas se aprovecharon. El valor de los inmuebles de la isla había caído un 35%. Los pocos restaurantes que podían mantenerse abiertos con horarios limitados, ofrecían sólo productos locales, derivados de la pesca, de los huertos, del porcino y de los gallineros. El alcohol era un producto de lujo, vinos regionales, cervezas artesanales y hierbas de fabricación casera. La policía y los militares patrullaban las calles. Las ligas de futbol y otros deportes de contacto se habían suspendido en Europa.

2023. La COVID seguía su expansión mundial. Los efectos de las primeras vacunas no eran satisfactorios. La pérdida de confianza del pueblo en sus representantes políticos provocó especialmente en España demostraciones populares, caceroladas desde los balcones y graves disturbios ilegales. La consecuencia fue la dimisión en bloque del Gobierno Central y por ende del autonómico y la constitución de un nuevo Gobierno de Coalición presidido por una terna de tecnócratas. Acto seguido se tomaron medidas para aumentar el control sobre el movimiento de la población. Todos los ciudadanos españoles fueron obligados a implantarse un microchip en la oreja, con ello se sabia donde estaban a cualquier hora del día. En Mallorca las escuelas y la UIB se mantenían abiertas pero los alumnos solo tenían el derecho de asistir un día a la semana a clase, el resto se enseñaba vía telemática. Un grupo mixto de trabajo estaba analizando la posibilidad de montar con la UME un gran hospital de campaña en Cabrera para confinar allí a los mayores de 60 años.

El efecto dominó de la falta de actividad de la industria turística había tumbado definitivamente al pequeño comercio, tiendas, bares, gimnasios, cines. Los bancos que aun seguían activos estaban obligados a conceder créditos para la subsistencia y sin intereses. Miles de ciudadanos tomaban antidepresivos. En Mallorca había grandes colas para beneficiarse de los comedores sociales en los pueblos y en los barrios de la ciudad. Era como en tiempos de la post-guerra civil con las cartillas de racionamiento.

2024. El año 2024 fue catastrófico, como si de una guerra mundial se tratara. Se suponía que 300 millones de habitantes del planeta habían muerto ya por el efecto de la COVID. Los canales de radio y televisión, los periódicos, se habían reducido en un 80 % y estaban controlados por el Gobierno. Los Telecovidiarios manipulaban las noticias. El único presupuesto que Rusia, China y EE UU no habían reducido en los últimos años era el militar y además estaban en guerra psicológica acusándose mutuamente de ser responsables de la creación del Sars-CoV-2. Satélites de largo alcance y cabezas nucleares estaban a un tris de un apretón del botón rojo para ser activadas. El presidente ruso Putin mantenía la convicción de que los chinos deseaban una reducción de la población mundial y por ello habían creado y provocado el virus. Desde Pekín culpaban a los americanos de querer mantener la primacía mundial a través de la informática, en manos de Microsoft, Google, Instagram, Facebook, Amazon y de desear dinamitar con ello el poderío económico creciente de China. Joe Biden mas que demócrata parecía republicano como su antecesor Trump, culpando a China del pandemonium mundial. Por otra parte, la Unión Europea había perdido peso en el contexto mundial desde que Angela Merkel se había retirado y militarmente hablando dependía de USA. La ONU y la UNESCO estaban en horas bajas. La OMS seguía en manos de aquellos que la subvencionaban.

En Mallorca los coches estaban en sus garajes o abandonados en las calles. La autopista de Campos seguía sin terminarse y se usaba sólo una de las dos vías. La electricidad estaba racionada igual que la gasolina y el gasoil. El pan y las patatas eran objeto de contrabando. Los higos y los albaricoques eran productos de lujo. El tabaco y las medicinas se usaban como moneda de intercambio. Los hospitales estaban guardados por los militares y atendían sólo por orden de importancia. Las Farmacias seguían activas, pero con difíciles suministros. Las casas de los pueblos de Mallorca se ventilaban abriendo puertas y ventanas varias veces al día y en las calles se encendían hogueras de leña con romero todas las noches. Las visitas entre amigos o familiares estaban prohibidas. Las comunicaciones por teléfono o vía internet seguían funcionando relativamente bien, pero estaban intervenidas por el estado. El principal objetivo de todos era no quedar infectado y poder comer.

La brutal crisis había despertado de nuevo las creencias en Dios y la Virgen como intentando suplir con ello la falta de confianza en los gestores de la pandemia. Es por ello que en otoño Monseñor Taltavull, Bisbe de Mallorca, organizó como antaño, romerías a los santuarios tradicionales de la isla, Sant Salvador de Felanitx, Santa Magdalena d´Inca, Bonany de Petra, Montisión de Porreres y en especial a Lluc.

2025. El año 2025 empezó con una nevada como la de 1956. Mallorca parecía una postal navideña clásica. Las chimeneas, si las tenías, echaban humo. Las estufas de butano eran objetos de gran valor sobretodo para aquellos que podían conseguir bombonas de recambio. El día de Reyes llegó el regalo en forma de milagro para toda la población. Los medios oficiales del estado dieron la mejor noticia que para este día tan emblemático se podía desear. Los chinos habían conseguido una vacuna segura y ponían de inmediato en circulación mil millones de dosis. Los americanos y los rusos confirmaron la efectividad de la misma y garantizaban de esta forma que se había dado con la solución para la lucha contra la COVID. El 2025 es pues el año de empezar la reconquista, o sea la lucha para ir recuperando lo perdido en años anteriores. Es el punto de salida para aplicar lo aprendido en el pasado, para no volver a cometer los mismos errores, para aplicar planes de reactivación de la economía, para evitar caer en abismos y en especial para crecer dentro de unos baremos de sostenibilidad y respeto con el medio ambiente pensando que La Tierra es un planeta pequeño, sensible y muy hermoso en el cual cabemos todos si de verdad nos portamos bien.

Conclusión. Al despertarme y recordar esta pesadilla pensé, ¿y si de verdad fuera a suceder? Pero no lo creo, mas bien estoy convencido de que colaborando todos, conseguiremos pronto volver a la tan añorada normalidad pre-Covid.

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