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Juan Tapia

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Juan Tapia

Catalunya, en deriva inestable

El independentismo pierde apoyos, pero según las encuestas puede mantener su actual (y escasa) mayoría parlamentaria

El jueves se confirmó que la coalición PNV-PSE seguirá gobernando Euskadi. Dos partidos sacrifican algo sus distintos planteamientos nacionales para ser mayoría y gobernar desde la centralidad que une. El PNV prefiere la estabilidad con el PSOE a la aventura con Bildu, con quién también tendría mayoría. Euskadi, pactista, no es Catalunya, donde el independentismo marca los límites de todo.

Euskadi elige estabilidad y Catalunya se encamina a unas próximas elecciones en deriva inestable. El president Torra afirmó en enero que su gobierno no daba más de sí y que convocaría elecciones tras los presupuestos. Ahora, parece que, siguiendo la voluntad de su jefe Puigdemont, las elecciones se retrasarán a febrero.

Torra no disolverá en setiembre, antes de ser inhabilitado por el Supremo, como parecía inevitable, sino que escenificará resistencia. Luego JpC propondrá elegir otro presidente y usará el no de ERC para volver a acusarla de traidora. Tras dos meses de impasse en la elección de presidente (si ERC no se rinde) las elecciones se celebrarían, tras otros 55 días de campaña electoral, en febrero. Y en los seis meses que quedan hasta entonces el partido de Puigdemont se habría afianzado en el territorio frente al PDe.CAT y el PNC que quieren revivir la antigua Convergencia, ERC habría perdido peso, y España se adentraría en la crisis de la monarquía, económica y sanitaria. Entonces Puigdemont podría llegar el primero cuando ahora y según el CEO (el CIS de la Generalitat), ERC sería la primera fuerza y JpC quedaría segunda en diputados, aunque el PSC casi le rozaría los talones en votos.

Así el esquema de Puigdemont, que tiene en sus manos (las de Torra) la disolución del Parlament, apunta a seis meses más de un gobierno inoperante. Eso suponiendo que en febrero pudiera haber un gobierno con estabilidad. Cosa difícil tanto por la desunión separatista como porque un gobierno catalán estable exige cierta coexistencia pacífica con el de Madrid.

¿Por qué está Catalunya en esta deriva inestable? Porque -aunque suene imposible- el independentismo ha perdido, pero a la vez ha ganado. Según la encuesta del CEO de julio, sólo el 42,5% (mucho) desea la independencia frente al 50,5%, que no la quiere. Catalunya sigue partida en dos, pero la mitad independentista pierde gas. Por eso, y porque España no lo permitiría, la independencia -al menos a corto- es imposible. El independentismo pierde. Pero no del todo porque el 50,4% de los encuestados cree que los catalanes tienen derecho a decidir su futuro en referéndum (y el 28% está bastante de acuerdo). Y además el 61% opina que la autonomía actual es insuficiente.

El resultado es que las encuestas -no sólo la del CEO- dan una mayoría a las tres formaciones independentistas -ERC, JpC y CUP- de un mínimo de 69 escaños cuando la mayoría absoluta es de 68. El PSC sube bastante, a coste de Cs, pero se quedaría en 24 diputados. Sólo la hipotética emergencia parlamentaria de una alianza de los exconvergentes contrarios a Puigdemont alteraría las cosas.

Lo más probable, pues, es que el independentismo -aunque la idea no prospera- revalide su mayoría, aunque sin rebasar el 48,7% de los votos (CEO dixit). El problema añadido del independentismo -que cuenta mucho en la deriva de Catalunya- es que está dividido, enfrentado y sin hoja de ruta.

ERC cree que la prioridad es ampliar el electorado soberanista gobernando de forma eficiente, lo que obliga a negociar con Madrid. Puigdemont afirma que la negociación es imposible y apuesta al choque con el Estado para incrementar la desafección.

ERC propone una "negociación inteligente" y Puigdemont la "confrontación inteligente". Pero, ¿qué es una "confrontación inteligente? ¿Volver a repetir el fracaso del 2017 y la subsecuente paralización de Catalunya? Por eso exconvergentes realistas del PDe.CAT y del PNC estarían mas cerca de ERC que de Puigdemont. Pero no osan verbalizarlo porque son de la tribu convergente (como Puigdemont). Y ERC no se atreve a asumir que la negociación inteligente es la moderación sin complejos -y por eso acabó no votando los estados de alarma y es difícil que vote los presupuestos- porque teme regalar unos 200.000 votos a la tribu de Puigdemont. Y la guerra de tribus entre ERC y la antigua CDC (todas las tendencias unidas) es otra característica de la Catalunya a la deriva.

Catalunya está en deriva hacia no se sabe donde, lo que enmaraña gobernar España. Con todo, lo peor es que los dos grandes partidos estatales no son capaces de acordar nada. Y Catalunya es la madre de los desencuentros.

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