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Cuando todo se desmorona, valores

Hace muchos años, un pariente cercano en un momento de pesimismo me dijo: "¿Te das cuenta de que todos aquellos valores que nos enseñaron en el colegio o que nos transmitieron nuestros padres ya no sirven para nada hoy en día?" Era persona dada a la exageración, siempre con sentido del humor, pero la reflexión era pertinente.

Hace pocos días, Jorge Dezcallar, en un magnífico artículo publicado en este diario hablaba de la crisis de valores en la política internacional, algo fácilmente observable pero no siempre tan bien descrito como lo hizo él. Nada hay tan sintomático como la expresión "por vez primera, Estados Unidos da lástima en vez de imponer respeto". ¡El mundo al revés!

Lejos de mí insinuar que cualquier tiempo pasado fue mejor y que, por tanto, seguimos una evolución negativa en la configuración de la sociedad. Pero es evidente que la sociedad no sigue tampoco una línea estable de progreso, sino que la historia de la humanidad está llena de avances y retrocesos. Diría que avanzamos a trompicones. Mi sobrino J osé Félix Pons (habitual en Diario de Mallorca) en un interesante artículo planteaba hasta nueve preguntas para salir de la situación actual y en una conversación privada posterior me preguntaba por las respuestas. Nada fácil, pero por encima de todo necesitamos un mundo de valores.

Es cierto. Perdimos la certeza de las categorías que regían nuestras vidas sin encontrar recambios adecuados. El respeto a los docentes, a los médicos, a las personas mayores, a las instituciones necesarias no se sustituyó por otra relación comprensible sino por la anarquía, la peligrosa audacia y el constante desprecio del saber y del esfuerzo. En esta tremenda crisis de salud estamos descubriendo las diferentes caras de la sociedad. La de aquellos profesionales abnegados hasta la extenuación trabajando por el bien común, la de ciudadanos conscientes de la necesidad del confinamiento, pero también la de irresponsables ávidos de aventura y diversión arriesgando su salud y la de los demás solo para su propio esparcimiento.

Hoy en día el saber, el esfuerzo, el título acreditativo de conocimientos no parecen elementos respetables sino a veces insignificantes. Ahora están de moda el oportunismo, las redes sociales con todo su lastre de anonimato y de irresponsabilidad y la vulgaridad. Muchas veces me pregunto si en España alguien ha confundido democracia con vulgaridad como si democracia significara libertad para faltar el respeto.

El lenguaje político y la acción de los políticos están degradados. ¿Cuánto tiempo hace que no hemos escuchado un discurso largo bien elaborado y razonado? No interesa. Ahora solo se elaboran mensajes de treinta segundos para los informativos televisados o de 140 letras para las redes sociales. Los políticos cuentan con gurús de la comunicación y de la imagen que igual sirven a un comunista que a un reaccionario. Lo importante no es el contenido sino el mensaje en sí.

Decía el profesor Juan Franch que ojalá nos acompañen dos virtudes, compromiso y conciencia. Sabe de que habla. De casta le viene al galgo. Cuando todo se desmorona, necesitamos virtudes y valores para que la sociedad no se estanque en la mediocridad y en el simplismo de fachada. Para salir de esta tremenda crisis necesitamos también valores cívicos, como la solidaridad y el respeto.

A veces uno tiene la impresión de que la izquierda quiere hablar de valores y la derecha de intereses. ¿O será al revés? Todos tienen que renunciar a la superioridad moral. En la escena internacional estremece la dificultad para encontrar ejemplos de líderes europeos o mundiales a los que valga la pena prestar atención. Impresiona que en el caos actual Erdogan pueda llevar adelante sin reparos su programa islamista con recortes a la libertad o apropiándose de Santa Sofía y que el autoritario Putin siga siendo el referente para Rusia.

Afortunadamente, la UE acaba de mostrar que cree en los valores de la solidaridad y del esfuerzo con la decisión histórica de endeudarse para ayudar a los países a combatir la crisis económica derivada de la pandemia de la Covid - 19. Esa es la vía, recuperar los valores que llevaron a la creación de la Unión Europea, a la independencia de los territorios coloniales o a la caída del muro de Berlín. Si no educamos a los niños y a los jóvenes en los valores de la convivencia, de la igualdad de derechos y de obligaciones. Si los gobernantes transmiten flaqueza ante las necesidades colectivas, mucho me temo que nuestras sociedades serán siempre débiles. Si en las relaciones internacionales no predominan la solidaridad y la voluntad de entendimiento por encima del desprecio y de la provocación, viviremos en constante peligro de retroceso.

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