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Plegarias a San Millán

La necesidad de una voz común en la cumbre de presidentes autonómicos

No es cuestión baladí que Moncloa haya elegido el monasterio de San Millán de La Cogolla, en La Rioja, para celebrar la primera conferencia de presidentes autonómicos tras la suspensión del estado de alarma. Ese cenobio está considerado la cuna de la lengua castellana y entre sus muros sirvió como notario Gonzalo de Berceo, el primer poeta conocido en nuestro idioma.

En un momento de confusión general en el que los reinos de taifas regionales hacen cada cual la guerra por su cuenta sin procurar entendimiento, tal que este país pendiente de reconstrucción más que un edificio común se empeña en levantar una torre de Babel; en un instante crítico para evitar que los rebrotes se conviertan en una segunda oleada que llevaría a España a la bancarrota total en lo económico y lo social resulta crucial un criterio único de país, un frente común para afrontar con garantía de unidad los imponentes retos de derrotar a la pandemia y recomponer con éxito la sanidad, la economía y el empleo.

En San Millán, donde el castellano tomó bautismo con las Glosas Emilianenses, se hace imprescindible un idioma común para dibujar una estrategia conjunta. El imponente monasterio al pie de la sierra de la Demanda, que debe su nombre al anacoreta Emilianus, tuvo su origen en una comunidad eremita que conformó, con el paso del tiempo, uno de los focos culturales más florecientes del sur de Europa. Enciérrense en sus celdas milenarias Sánchez, Armengol y el resto de presidentes autonómicos y no salgan de allí hasta haber decidido de una vez cómo frenar esta nueva sangría que amenaza con hundirnos en un profundo y oscuro pozo.

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