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Había que intentarlo

Desde antes del estado de alerta estaba claro que el gran problema económico que la pandemia traería era el hundimiento del turismo, primera industria nacional. Hay que entender en esa clave que el Gobierno, presionado por las autonomías (en especial las del turismo de masas) abriera las puertas cuando la pandemia aún tenía bastante vida. Ahora, con suerte y en parte, en la España peninsular sólo respirarán algo el turismo nacional y el turismo rural. ¿Fue sensato intentar salvar en lo posible el verano para la gran industria turística? Tal vez sí, hay miles de empresas y millones de empleos por el medio, y, además, había que dar una oportunidad a la sensatez y sentido de responsabilidad de la gente. Sería injusto decir que éstas brillaron por su ausencia, pues muchos ciudadanos han estado a la altura de ese título, pero han sido y siguen siendo demasiados los que NO.

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