Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Bernat Jofre

La hora de las islas

Hace tan sólo unas horas que Europa se despertaba con una noticia: volvían las restricciones aéreas por mor del nuevo rebrote del virus Sars-Cov-II. El temor a una parálisis turística invadía las principales cancillerías continentales. El fantasma de la repatriación de millones de ciudadanos británicos después de la quiebra de Thomas Cook Group Plc, también.

No obstante, lo que salió a la luz ayer no fue tan sólo el terror de unos gobernantes que mayormente no saben qué enemigo tienen delante - excepción hecha de la doctora en Química Angela Merkel - sino de la frontera existente entre los gobiernos continentales y sus territorios isleños. Desde las Canarias hasta las Cícladas, pasando por Córcega, Cerdeña, Baleares o las lejanas Fèroe están presentando unas "ratios" de contagio realmente bajas en tanto a sus respectivos países. La excepción a dicha regla es Inglaterra, con una gestión médicamente discutible desde un inicio que ha lastrado la evolución de la llamada pandemia en el territorio hasta día de hoy.

Sería deseable que Bruselas se diera cuenta de la seriedad con que han actuado los parlamentos o entes de gobernanza locales en cada territorio insular. Y que ello se tradujera en una mayor comprensión presupuestaria en ciertas problemáticas comunes a todos los territorios citados: costes de doble o hasta triple insularidad, presión demográfica estacional, precio de la vivienda?

Las ínsulas o archipiélagos europeos no son tan sólo un lugar agradable que visitar en verano. Tienen vida propia, unas necesidades muy concretas y - como se ha visto - unos líderes quizás con limitaciones en algunos casos. Pero conscientes de las necesidades de su población en estos momentos de zozobra. Que los medios de comunicación locales quieran resaltar ese buen hacer o no, ya es harina de otro costal. Siempre habrá quien exija más, naturalmente. Y estará en su legítimo derecho.

Compartir el artículo

stats