Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La frugalidad y la indigestión

Tratándose de holandeses abunda el tópico de la tacañería. Por lo general es un pueblo al que habitualmente le gusta hablar de dinero pero no de cómo se lo gastan. Si en circunstancias normales prefieren ser austeros consigo mismos, no les pidan extrema generosidad con los demás. El primer ministro Mark Rutte encarna ese estereotipo. Pero ahora que ya existe un acuerdo, pónganse también por un momento en la piel de los ciudadanos ahorradores de los llamados países frugales de Europa, piensen en sus manirrotos vecinos del sur, nosotros mismos, y ya verán cómo enseguida pueden llegar a entender cierto recelo por encima de cualquier tipo de empatía. Fíjense en Pedro Sánchez y Pablo Iglesias y díganme si, efectivamente, no existe el riesgo de que las ayudas europeas para la recuperación puedan ser utilizadas por políticos insolventes y populistas con el fin de comprar la voluntad de una sociedad subsidiada a la vez que destruyen la economía productiva. España, como corresponde a su tamaño, será después de Italia el país que más se beneficiará, entre subvenciones y préstamos, del necesario fondo anticrisis. Pero el precio que pagará por las ayudas será muy parecido al de un rescate completo. Esta vez no habrá, al parecer, señores de negro, pero sí un desembolso supeditado a la aplicación de unas reformas que los socios del Gobierno español se dedicarán seguramente a sortear para no caer en la impopularidad. Prepárense para el bombardeo indigesto de los "frugales nórdicos" que amagarán a las primeras de cambio con paralizar los pagos. Sánchez puede estar en estos momentos cantando victoria, pero el cheque en blanco no existe; el país se encuentra intervenido en la práctica por el derecho de veto a las ayudas. Veremos qué pasa de ahora en adelante; de momento el Gobierno ha encontrado la justificación para aprobar los Presupuestos congelados desde la etapa de Montoro. Aguardan tiempo difíciles.

Compartir el artículo

stats