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José Pons

La monarquía constitucional

Nadie puede poner un pero a la trayectoria política del rey Juan Carlos, a la eficacia de su ejercicio como monarca constitucional

Admito de entrada que voy a nadar contracorriente ya que no soy ciego ante lo que veo escrito estos días ni sordo ante lo que se oye en los medios de comunicación y en algunas tertulias de amigos. Pero nada va a impedir que me exprese con claridad, aportando mi punto de vista a lo que empieza a ser un debate nacional.

Decía hace unos días la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, en un tuit, que la monarquía estaba corrupta y que había que plantear un referéndum sobre la república. Curioso razonamiento que no tiene lógica alguna. Para empezar, la monarquía española es constitucional y parlamentaria. Por tanto, absolutamente ajustada a derecho como otras muchas instituciones que figuran en la Constitución. No tengo porque defender al rey Juan Carlos respecto a todo lo que está saliendo en los medios, pero tampoco tengo porque descalificar una institución en función de lo que haga su titular. Además, el rey Juan Carlos abdicó, es decir, dejó de ser jefe de Estado.

Las instituciones trascienden a sus titulares porque sino sería imposible la vida política. Siguiendo la lógica de Colau deberíamos plantearnos un referéndum sobre la autonomía catalana, no ya por los intentos delictivos de secesión, sino por la corrupción infame de Jordi Pujol y de su familia. ¿Y qué decir de Balears, donde tenemos al expresidente de la Comunidad, Jaume Matas, y a la expresidenta del Consell Insular, Maria Antònia Munar, en la cárcel por delitos de corrupción? ¿Deberíamos hacer un referéndum en Andalucía sobre la conveniencia de la autonomía tras las condenas de los ERE? Podemos seguir con los escándalos de la Comunidad Valenciana con sentencias condenatorias por corrupción, etc.

Por tanto, es legítimo plantear el debate, pero no es coherente. Una cosa son las personas y otra las instituciones. Como decía el expresidente del Real Mallorca, Monti Galmés, ¿que pasaría si tuviésemos un presidente de república que prevaricase? ¿Plantearíamos por ello un referéndum para volver a la monarquía? Seamos serios. El rey Juan Carlos tendrá que hacer frente a las consecuencias de las noticias que van a apareciendo y que configuran unas actuaciones francamente inaceptables pero la institución constitucional no es la responsable ni la culpable de estas eventuales tropelías.

Ya lo han señalado muchos comentaristas. Al hilo de las andanzas del rey emérito se ha desatado una campaña para desacreditar a la Constitución y al sistema político que ésta puso en pie. Hay una generación de políticos nacidos después de la muerte de Franco que considera agotado y superado lo que ellos llaman "régimen político del 78", con evidente desprecio.

Sin el olfato político del rey Juan Carlos, sin su manifiesta voluntad de desprenderse de todos los poderes del estado para establecer un sistema democrático y constitucional, sin su decidida defensa del orden constitucional el 23F, probablemente muchos de los que ahora se indignan no habrían tenido la posibilidad de expresarse libremente. La transición política fue un acto de generosidad, de voluntad colectiva de superar fantasmas del pasado, de construir en vez de destruir. Nos jugábamos mucho y salió bien. No se si Juan Carlos habrá cometido delitos o errores o los dos, pero nadie puede poner un pero a su trayectoria política, a la eficacia de su ejercicio como monarca constitucional.

Si echamos una mirada allende nuestras fronteras observamos que las monarquías europeas han tenido que afrontar escándalos de distinto tipo en Gran Bretaña, en Bélgica, en Suecia, en Luxemburgo y en los Países Bajos, entre otros. Pero son monarquías constitucionales y, por tanto, los problemas se resuelven en ese marco sin necesidad de ruptura. En las repúblicas las cosas no han ido mucho mejor. Ha habido problemas serios con presidentes de Francia ( Sarkozy y el dinero libio, Chirac y los empleos falsos de París, Mitterrand y su doble vida), con los presidentes de Alemania ( Wulff), de Italia ( Cossiga) o de Hungría ( Schmitt) que tuvieron que dimitir por diferentes escándalos.

Lo verdaderamente preocupante en mi opinión es que cada vez hay menos sentido del estado, cada vez hay más partidos que estarían muy contentos con la ruptura del orden constitucional. Por cierto, darle la espalda al jefe del Estado cuando habla es de una enorme estulticia y de una ignorancia supina sobre la Constitución.

Lo realmente inquietante en estos momentos es que no sabemos quién manda dónde y si el que manda quiere mandar o lanzar un órdago a otras instituciones o al contrario, dejar hacer para que sean otros los que se coman el marrón. Y mientras, el país deshaciéndose y empobreciéndose. La monarquía no es el problema. Lo urgente es gestionar la crisis sanitaria y conseguir recuperar la economía.

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