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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

La derecha cree a Irene Montero

Marlaska no leyó el informe que desencadenó una escabechina de generales que hubiera complacido a Nerón y Herodes. El coronel Pérez de los Cobos no leyó un atestado donde es autor de la música, si no de la letra. La carnicería en un cuerpo militar hipersensible es un "reajuste", en la versión oficial. Sánchez posterga la explicación de lo ocurrido a la fase 23. Cuando el on the record del Gobierno no ofrece la mínima pista sobre la realidad, es una obligación periodística indagar en el off the record.

Salvo que no hay indiscreción, en un vídeo de Irene Montero maquillada y microfonada, una grabación ante periodistas en los salones del ministerio donde en ningún momento se invoca el off the record. Durante un minuto, queda demostrado de modo indubitable que los ministros en vigor prodigan palabras como tía, guay, súper, muac muac y "el sentimiento ese". La inanidad de la cháchara, a efectos criminales, confirma que pillar a la reina de la dinastía de Podemos en un momento Sálvame es más importante que una presunta investigación periodística. De hecho, ABC ofrece mejores pruebas de los riesgos que asumió el Gobierno con el 8M en el texto que acompaña a las imágenes, mucho menos comentado.

Los esclavos de los vídeos divinizan la grabación, un rango reafirmado por su presunto carácter secreto. Nadie se ha parado a pensar en que el diagnóstico sin datos de Irene Montero, sobre la desmayada respuesta al 8M, tiene el mismo valor que la opinión al respecto de un concursante de Supervivientes. Quienes desde la ultraderecha moderada no creerían de la ministra ni la hora, le conceden a pies juntillas la explicación válida del desinflamiento de la manifestación feminista, que seguramente tuvo más que ver con el cansancio movilizador que con el virus que no le robó un espectador ni al Atlético de Madrid ni al contubernio de Vox. Cuidado, porque solo media un paso entre "creer a" y "creer en".

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