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No hay dignidad en la mezquindad

Las grandes tragedias, las grandes amenazas o los grandes acontecimientos han sorprendido siempre a quienes tenían por misión preverlos o impedirlos

Se imaginan ustedes este titular "bañista salvado de perecer ahogado por un socorrista del PP"?; o este otro "bombero del PSOE consigue rescatar con vida a un bebé de un edificio en llamas". ¿Pueden imaginar éste: "médico de Podemos consigue reanimar a una persona en la calle que había sufrido un paro cardíaco"?

Ahora, hagamos un pequeño esfuerzo e imaginemos los titulares con otro desenlace. "Turista perece ahogado pese a los esfuerzos de reanimación de un socorrista del PP", "Bombero del PSOE no pudo rescatar a un bebé de un edificio en llamas", "La intervención rápida de un médico de Podemos no pudo evitar la muerte de un transeúnte, víctima de un paro cardíaco"

Seamos sinceros, nunca veríamos la segunda serie de titulares así redactados, pero algo similar podría ocurrir. Seamos sinceros también y pensemos que la primera serie de titulares (algo cambiados) la estamos viendo todos lo días en la prensa y en la televisión. Se ha desatado una vergonzosa carrera entre los políticos y dirigentes de cualquier color y condición para ver quien se atribuye más vidas salvadas y quien es más responsable de los fallecimientos. Especialmente repugnante es la competición en Madrid ciudad y Comunidad Autonoma en la que el "tu más" es el pan nuestro de cada día.

Parece mentira que en el legítimo debate político asistamos a una catarata de despropósitos desde todos los lados del espectro político, a veces demostrando profunda ignorancia o incultura, a veces exhibiendo prepotencia y desprecio. El insulto es hoy el lenguaje habitual.

Ya no aguanto más tanto "facha" y tanto "comunista" como parece haber en nuestro país para quien solo se informe a través de las redes sociales. Y estamos moviéndonos del lenguaje a la acción, lo que es mucho más preocupante. La ultraderecha de VOX está fagocitando al PP y apropiándose de la calle y de los símbolos nacionales y, está amenazando en convertir el escenario político en un permanente juzgado de guardia para que los tribunales les den lo que los electores no les dieron. La izquierda radical presente en el gobierno se cree con derecho a hablar en nombre del pueblo (a saber de qué pueblo) y en tiempos de tragedia y de necesario esfuerzo colectivo pretende imponer reformas de gran calado ideológico cuando lo que se necesita es apretar los dientes y sumar en vez de restar, agregar y no confrontar.

La política actual ha perdido todo encanto y atractivo de la mano de algunos dirigentes que no tienen inconveniente en arrasar, denostar y pisotear para tener el poder o conseguirlo. Lo peor es que esto ha calado también en mucha gente que colabora en difundir fake news (siempre que les favorezcan), que insulta directamente en las redes o transforma el dolor en odio y rencor. Me resulta inconcebible que se haya presentado una querella contra Fernando Simón por "homicidio imprudente". Comprendo el desgarro de las familias pero atribuir responsabilidad criminal a quien ha tenido que juzgar honradamente la situación sanitaria me parece un disparate.

Las grandes tragedias, las grandes amenazas o los grandes acontecimientos han sorprendido siempre a quienes tenían por misión preverlos o impedirlos. ¿Deberían estar en prisión los responsables de la CIA que no detectaron los ataques del 11 S? Es evidente que Simón se equivocó en su juicio sobre el alcance de la epidemia, pero es un cientifíco, no un político. Como prácticamente todos los expertos de sanidad de la UE. Y que decir de Brasil, país en el que me ha tocado vivir el confinamiento. Claro que el extravagante presidente Bolsonaro tiene una clara responsabilidad en lo que está pasando en el país. Pero el día 12 de marzo (solo había 2 casos en todo el país) el doctor Anthony Wong, catedrático de la Universidad de Sao Paulo, director del Instituto de estudios de Toxicología y de Farmacia, una eminencia en este campo, afirmaba con rotundidad que Brasil, en el peor de los casos, apenas llegaría a cinco mil contagios y pocas víctimas. Hoy, cuando escribo, en Brasil llevan 330.890 casos confirmados y 21.048 óbitos. ¿Vamos a meter en la cárcel al doctor Wong y a todos los científicos europeos y norteamericanos que se han equivocado en sus previsiones?

Esta crisis pandémica ha sacado a relucir aspectos magníficos de muchos españoles haciendo frente a la situación con gran generosidad y solidaridad. Pero también ha revelado a muchos inquisidores, a rencorosos permanentes, a pseudo anarquistas, y a insultadores profesionales. De ninguna manera pueden imponerse los segundos a los primeros por la dignidad de nuestra política, si es que queda algo digno en tanta mezquindad.

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