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Miguel Vicents

Vía libre

Miguel Vicens

'El último baile' de Michael Jordan

E l último baile, el documental en diez capítulos de la cadena ESPN dirigido por Jason Hehir sobre la figura de Michael Jordan, es un producto enmarcado en la tradición del mejor reporterismo norteamericano, el que solo avanza con datos y testimonios clave que sirven a la narración y manda al cubo de la basura todo adorno irrelevante. El ritmo avanza trepidante como en unas series finales de la NBA. Las genialidades se mezclan con los golpes, los aciertos con las pifias. Hay héroes y villanos, protagonistas y comparsas. Y un solo ganador: el número 23, el jugador franquicia de Chicago Bulls, el mayor depredador que jamás ha jugado al baloncesto profesional, aunque las reglas de Jordan dejaran gloria y cicatrices por igual. Un total de 97 testimonios del ámbito del deporte, la política, la empresa o el espectáculo opinan sobre cada aspecto de la trayectoria y la figura de Jordan en la miniserie que emite Netflix. También lo hacen los rivales que osaron retarle y los que compartieron vestuario con él. Y el Jordan actual replica rápido a cada uno de ellos, se justifica, se defiende, sonríe con las alabanzas o aclara cada reproche. Y lo hace en una narración con dos líneas temporales que convergen al final. La primera, la de su última temporada en Chicago, la de 1997-98, cuando la gerencia del club decidió que el entrenador Phil Jackson no seguiría y el equipo más laureado sería desmantelado. Y la segunda, un viaje a sus orígenes familiares, a su etapa formativa en Carolina del Norte, a su participación en dos Juegos Olímpicos, a su relación con rivales y compañeros de equipo, a su adicción al juego, a la muerte trágica de su padre, mientras se reviven imágenes de ensueño de todas las finales que jugó volviendo a llenarlas de emoción gracias a planos inéditos llenos de dramatismo y épica.

El genio Jordan aparece como un animal competitivo, como un perfeccionista obsesivo, como una gran individualidad que un día descubre que también puede controlar a voluntad las individualidades de todo su equipo y convertirse él mismo en el quinteto titular en pista. El ser humano Jordan siente la necesidad de revertir cada fracaso. No fue seleccionado en el equipo del colegio. No se le consideró una figura a su llegada a Carolina del Norte. No fue el primer elegido del draft. Y fue calificado como un fichaje dudoso, como un jugador demasiado bajo para cambiar la suerte de una franquicia perdedora como la de Chicago. Hasta el tercer partido.

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