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Miguel Vicents

Vía libre

Miguel Vicens

Vuelve el turismo sin turistas

Vuelve el turismo, anunció Pedro Sánchez después de que sus socios de Gobierno celebraran con alborozo el obligado cierre total de un sector que calificaron de "estacional, precario y de bajo valor añadido". Vuelve el turismo en julio, celebró ayer el presidente del Gobierno, como si la crisis del Covid-19 nunca hubiera ocurrido, España fuera un destino seguro, los 28.000 muertos por la pandemia y los que todavía fallecen cada día pertenecieran a una ensoñación pasajera con trasfondo oriental y la industria pudiera ponerse en marcha de nuevo sin clientes, a lo sumo un millar de ingleses y alemanes dispuestos a convertirse en cobayas de los planes de desescalada. Ciertamente, parece que todavía no somos del todo conscientes de la magnitud de la catástrofe en un sector que al final del estado de alarma puede generar más de un millón de parados. Y las medidas del Gobierno no diría que hayan estado a la altura del momento, cuando no han sido claramente contradictorias. ERTEs para todos los grandes, aunque los propietarios de las empresas aparezcan en la lista Forbes y repartan dividendos, hipotecando aún más una administración que ya ha sufrido dificultades en los primeros pagos. Y miseria para los pequeños, muchos de los cuales no han tenido más remedio que endeudarse dignamente hasta las cejas para no dejar a sus trabajadores en la estacada en un momento tan crítico.

En Balears las medidas políticas para el turismo también han sido erráticas y de muy corto alcance, sabiendo que su crisis alcanza a toda la economía. El polémico decreto ley de medidas urgentes solo ha sido aplaudido por la agilización de trámites, pero ni hoteleros ni constructores ni promotores le han otorgado el menor valor para incentivar la actividad económica. Lo peor es que esa norma, que arquitectos e ingenieros han calificado de fuente interminable de conflictos jurídicos graves, ha necesitado otra todavía en tramitación para compensar a la izquierda nacionalista y a los ecologistas, que incluso en un momento de parálisis económica total en el que no se mueve una piedra siguen sufriendo pesadillas de cemento, asfalto y piscinas en suelo rústico. Algún día, cuando descubramos todo lo que se nos viene encima, echaremos de menos los antiguos atascos y la pesada saturación veraniega. Espero que entonces, esos falsos urbanos que ahora vamos a proteger con tanto esmero en las periferias de los municipios nos den de comer a todos.

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