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José Francisco Conrado de Villalonga

Pleonasmos, oximorones y anacolutos, confusión

Un artículo que publiqué el 22 de febrero en Diario de Mallorca lo titulé "El equivocado abuso del anacoluto", explicaba, o intentaba explicar, que la gente se expresa mal y escribe peor, sin la más mínima preocupación por construir frases de acuerdo con las normas gramaticales. La falta de relación entre los diferentes elementos de una oración, la falta de concordancia o la omisión de algunas palabras esenciales para el contexto del enunciado, es una forma de hablar vulgar que gramaticalmente se califica de anacoluto. En aquella ocasión cité como ejemplo de "anacolutista", al ministro de Transportes quien se hizo un lio mayúsculo con la estancia de la vicepresidenta del gobierno de Venezuela en Madrid. Hoy dejaremos en paz al Sr. Ábalos, pero reconvendremos al presidente Sánchez por el uso taladrante, insistente y adherente del pleonasmo en sus intervenciones sabatinas. Pleonasmo, vocablo de origen griego, -pleonasmos- (significa demasiado), es la figura retórica preferida por Sánchez, "cuento con todos y todas y cada uno de vosotros y vosotras", "lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible", "claramente obvio". En sus intervenciones semanales, ya cansinas, utiliza una retórica a la que añade enfáticamente más palabras de las necesarias, que no añaden nada nuevo, con la pretensión de embellecer (¿) su elocuencia y, agrandar expresividad, emotividad y afectividad, poco más, palabrería. "A buen entendedor pocas palabras", presidente, el ciudadano español es buen comprensor y lo ha demostrado sobradamente en múltiples ocasiones.

Teresa Ribera, que ocupa un cargo con un título extenso, fastuoso, rimbombante y de contenido exiguo, -ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico-. Las mayúsculas en cada una de esas materias, las ponen ellos para dar a entender la categoría, importancia , contenido y nivel de su recién creado, "ad hoc", ministerio y, una de las múltiples vicepresidencias. Esta Sra. dice cosas muy curiosas que introduce con pleonasmos, oxímorones, y anacolutos, con desconocimiento de la sintaxis y de las reglas económicas. "No es obligatorio abrir los comercios", evidente, pero el daño es irreparable, no nos tome por tontos; "el avión ha registrado un descenso de billetes en los trayectos de media distancia", de media y de larga, los aeropuertos están prácticamente cerrados, también nos dice que "el peso del tren va creciendo paulatinamente" , los trenes siempre han pesado mucho señora vicepresidenta; "hay zonas en las que la primera línea de la playa está prácticamente en el dominio público terrestre y el ministerio tiene previsto una estrategia para los distintos tramos del litoral que plantee una realidad transparente", vaya lío que se ha armado, vaya forma de expresarse. Además, las playas son siempre de dominio público. También habló de geografía cuando al ser preguntada sobre lo bien que lo ha hecho Portugal y lo mal que lo hace España contesto lo siguiente, "el éxito de Portugal en la lucha contra la pandemia del Covid-19 se debe a que la enfermedad venía del este y el país está un poco más en el oeste", magnifico descubrimiento. Entonces, ¿que pasa con Grecia que también lo ha hecho mejor que España y que se encuentra "un poco más en el este"? Penosa información espacial. Esta señora, al parecer, ¡es la encargada de coordinar el plan de desescalada!

El Gobierno, parece que se encuentra cómodo restringiendo libertades bajo el subterfugio de la pandemia. Juristas de prestigio piensan que se está vulnerando la Constitución forzando el artº 116 de la CE y limitando derechos fundamentales. Existen alternativas más soportables desde el punto de vista de protección sanitaria. Se han promulgado, de momento, en total 209 normas cuya transcripción muchas veces es de escasa calidad, 18 decretos leyes, 113, órdenes y 71 resoluciones y lo peor es que su redacción, desde el punto de vista técnico, crea inseguridad jurídica, órdenes, contraordenes, confusión; la gente, los ayuntamientos, las policías ya no saben lo que se puede hacer y lo que no, no parece prudente dejar la aplicación de las normas a criterio de los cuerpos de seguridad. Tenemos un problema serio, se promulgan leyes sin someterse a las de mayor rango preexistentes. En una situación difícil, de devastación económica, de recesión, ¿es oportuno aumentar los impuestos? ¿Es lógico confinar en una habitación a los eventuales turistas? En un escenario como la actual, ¿tiene el país unos políticos cuya idoneidad es la más conveniente? No parece que así sea.

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