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Tribuna

La toma de decisiones en tiempos de pandemia

Los que, por mandato democrático, llevan en este momento el timón de nuestro complicado país, se han encontrado de golpe y porrazo metidos en el ojo de la madre de todos los huracanes y deben enfrentar a diario la toma de infinidad de decisiones trascendentales que afectarán a la salud y a la economía de todos nosotros. Normalmente suele ser así la función política pero, esta vez, pocas bromas. Decisiones de todo tipo y color, a veces sin tiempo para rumiar cual o cuales pueden ser las consecuencias. Decisiones de calado internacional en lo económico, en relación con el futuro enfoque financiero de este desastre global. Decisiones desesperadas que obligan a maridar ciencia con política con el objetivo de salir por lo menos de pie y andando de esta maldición histórica. Todo ello sin poder echar mano de jurisprudencia de ningún tipo que les oriente porque no existe, porque todo es nuevo y nos ha cogido a todos con los calzones bajados. Hasta que los tumben, estos hombres y mujeres designados por la mayoría, siguen y seguirán en el puente de mando sin reposo, dejándose las cejas, acertando y errando, recibiendo a diario muchas bofetadas y pocas caricias, y con insoportables dudas cuando al final del día se pregunten, ante el espejo, si lo que han ido decidiendo fue lo correcto. Tarea amarga y difícil la que encomendó el destino a los que hace sólo unos meses se felicitaban por haber sido los elegidos, así es la vida.

Aún más crítica es la situación de los sanitarios, partiéndose la cara con el "bicho", tomando decisiones que persiguen evitar la muerte, sin eludir el esfuerzo, jugándose el pellejo, sin desfallecer. Y qué decir de los enfermos, en el centro de la diana, lejos de los suyos, acompañados en su angustia sólo por el ánimo invencible de sus curadores. Dicen que esto no es una guerra, pero cómo se le parece.

Después estamos nosotros, la gente de a pie, confinados por decisión del 'porco Governo', desgranando las horas del día tomando también trascendentales decisiones: optando entre esta u otra serie en Netflix, repasando la prensa en internet, haciendo algo de ejercicio, poniendo a parir -'sabelotodos' que somos- las decisiones del Ejecutivo, quizá leyendo lo que no habíamos podido leer, dándonos un paseíto hasta el 'super', reenviando mensajillos graciosos, o envenenados, pensando en las musarañas.

Para lo último dejo las sesudas decisiones de los políticos ahora opositores, y de los justicieros de la pluma, removiendo todos en el mismo puchero burbujeante. Que si los niños no salen es un crimen, que si salen es un riesgo; que Sánchez es el criminal responsable de este holocausto, además de bastante comunista; que estos índices de mortalidad con nosotros jamás se habrían dado; que cómo han desprotegido estos progres a los sanitarios; que quizá no pacto porque te veo la intención, y si pacto presido la comisión; que Iglesias apesta a azufre pero Abascal transpira incienso; que esto es un escándalo, aquello una vergüenza y lo de más allá es del todo impresentable.

Y ya al final de tan intenso día, aunque sea uno más de tantos y tantos, algunos decidiremos aplaudir y dar vítores, y otros "cacerolear" y abuchear, después cenaremos y vuelta a las series de Netflix, o a la Sexta, o que si esta o esta otra película, y a la cama.

Siempre ha sido complicado esto de tomar decisiones, pero, en tiempos extremos, las decisiones que se toman suelen poner a cada uno en su sitio? en la Historia.

* Fotógrafo

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