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Camilo José Cela Conde

Prospecto

Debe ser la fobia a leer las instrucciones la que ha llevado al Gobierno a comprar los test chinos que no sirven para el coronavirus

En España hemos sido siempre poco dados a leer los prospectos. Cuando yo estudiaba la carrera de ingeniero los alumnos teníamos a gala no consultar jamás las instrucciones de montaje de ningún artilugio. Pero la fobia va más allá de las escuelas técnicas. Compramos un armario en Ikea y luego, al montarlo, el resultado se parece más a un sofá cama.

Debe ser ese resquemor el que ha llevado a que el Gobierno adquiriese a una empresa china, Bioeasy, centenares de miles de test para detectar el coronavirus pese a que su prospecto dice (en inglés, no en chino) que debido a sus limitaciones no se puede concluir que asegure la ausencia del patógeno. Que no sirven para nada en el caso del coronavirus, vamos. El bochorno es de los de altura porque, durante la comparecencia del Presidente del Gobierno en el que éste sacó pecho ante la compra masiva de los test, el señor Sánchez aseguró que se trataba de medios fiables y homologados, insistiendo en que era muy importante que fuese así porque tenían que contar con todas las garantías sanitarias. Pues bien, tras hacerse público el fiasco „un periodista se leyó el prospecto y contó lo que decía„, nuestros altos dignatarios se apresuraron a devolver el cargamento para encargar otro? A la misma empresa. Fidelidad se llama ese rasgo, aunque tampoco cabe excluir un trastorno de la personalidad subyacente.

Fue la directora de Cartera y Farmacia del ministerio de Sanidad, Patricia Lacruz, quien explicó cómo se hacen las compras. Dijo de forma textual lo siguiente: "Todos los pedidos se realizan a fabricantes, o en su defecto, si no llegamos a ellos, vamos a distribuidores o intermediarios o empresas que al fin y al cabo nos garantizan el objetivo del producto". Vamos, que no compran las pruebas del análisis en el top manta aunque sólo sea porque, con el estado de alarma, los manteros han desaparecido.

Llega a tales dimensiones el disparate que el diario El País comienza a tener dificultades para defender a Sánchez, que es la particular cruzada del periódico desde que lo dirige Soledad Gallego-Díaz. Ha puesto a su principal divulgador científico a buscar argumentos y éste nos ha amenazado a quienes creemos que el Gobierno ha reaccionado tarde ante la epidemia. Nos advierte que tendremos que tragarnos nuestras palabras porque todos los gobiernos lo hacen. Cita para demostrarlo a Johnson, Trump y López Obrador, el presidente de México que anima a ir a cenar a las tascas. Todos ellos políticos ejemplares.

Mientras llegan (o no) los nuevos test, el director del Centro de Coordinación de Emergencias y Alertas Sanitarias, Fernando Simón, nos tranquiliza. Dice que el incremento en los contagiados baja, soltando a continuación que puede haber casos que no se detecten y que no sabe cuántos pueden ser éstos. Tampoco debe haberse leído el prospecto.

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