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Bernat Jofre

La España turística, tras el Covid-19

Es poco probable que el 'efecto champagne', la retroactivación de la demanda tras un tiempo de bajo consumo, vaya a notarse cuando pase la pandemia

Tras un tiempo de crisis sobrevenida, la teoría económica se refiere como "efecto champagne" a aquella retroactivación de la demanda tras un tiempo de objetivo bajo consumo. Teoría que muy probablemente no podamos comprobar en nuestro mercado cuando demos por acabada la pandemia del Covid-19. Como mínimo en la España que se dedica al Turismo. Básicamente, por cuestión de "tempos", prioridades de los emisores y dificultades logísticas. Veamos.

Efectivamente: si el virus hubiera llegado a Europa en diciembre, la Eurozona en su conjunto hubiere tenido tiempo para su lucha y erradicación. No ha sido así. Las medidas drásticas han sido implantadas ahora. Finales de marzo. Con un factor añadido: el "décalage" temporal entre países a la hora de tomar medidas duras en cuanto a conectividad y circulación de la ciudadanía. No es descartable pues que dicho estado de las cosas acabe provocando decisiones drásticas en los países declarados libres de infección. Como la de la prórroga en cuanto a la clausura de fronteras. No es muy aventurado pronosticar, pues, que por razones estrictamente sanitarias los destinos españoles no podrán contar con el concurso de los tradicionales turistas europeos que solían visitar nuestras costas.

La segunda razón que podría anular toda la temporada 2020 (y ya veríamos las garantías contractuales del año 2021) es puramente laboral. No ya por los efectos que pueda tener el Covid-19 en España. Que obviamente también. Sino en su impacto en la fuerza de trabajo de nuestros mejores mercados emisores. A la postre, el grueso de los usuarios hoteleros vacacionales. Nuestros teóricos clientes van a ser ( si no lo han sido ya) laboralmente regularizados. Algunos de ellos, obligados ya a tomarse sus vacaciones. Los grandes centros de producción europeos empiezan a pararse por completo. Desde Escandinavia hasta el valle del Ródano. Desde Liverpool a - finalmente - Moscú. Seamos sinceros: hoy por hoy, muy poca en Europa piensa en el sol mediterráneo.

Es muy probable pues que la prioridad de la clase trabajadora europea sea empezar a trabajar de nuevo cuando acabe esta situación. No pedir asueto. Otra cosa pudiera ser la alta burguesía y clases pudientes en general. Muy probablemente no perdonen sus días libres. Otro tema es si su estancia en nuestro país va a ser tan larga como en estíos anteriores. Otrosí pudiera ocurrir el año que viene. Cuando - eso esperamos todos - se produzca el deseado "efecto champagne".

Por todo ello no nos debería extrañar si se llegaran a ver hoteles cerrados toda la temporada en vacacional, y largos meses en destinos urbanos. A lo ancho y largo del país. Ello significaría decenas de miles de fijos discontinuos sin mucho que llevarse al estómago durante un año entero. Otra cuestión es si el 2021 podrán abrir los mismos establecimientos que cerraron 2019. Porque los cambios en cuanto a gestiones y propiedades de establecimientos pueden ser relevantes. Pero hoy por hoy, aún es pronto para decirlo.

Hay una tercera razón para el pesimismo cara a la temporada 2020. Poner el operativo de abastecimiento aéreo y logístico en marcha no es inmediato. Ni barato. Con el añadido de que bastantes de las aeronaves que surcaban los cielos hasta hace unos días ya vuelven a estar en el poder de sus propietarias: las compañías de "leasing". El sentimiento de bancarrota en el sector aéreo es generalizado, y afecta a millones de puestos de trabajo en el Viejo Continente. Directos e indirectos. El alcance de la crisis aeronáutica aún no está asimilado por los responsables políticos. Es la impresión de quienes saben. Se debe repensar el futuro del sector, sin dilaciones ni parches.

En definitiva: es probable que haya una temporada estival en España. Pero no van a abrir los mismos establecimientos que iban a hacerlo este abril. Destinos MICE inclusive. Las aperturas probablemente serán selectivas y programadas. Contando con un gran protagonista: el cliente nacional. Con un matiz: se verá qué tipo de cliente español podrá hacer vacaciones este 2020? y a qué empresa le puede compensar abrir un hotel para tres meses de facturación. Obviamente, los incentivos que debería recibir a cambio van a ser claves para según qué decisiones. Es aquí donde el poder político tiene la última palabra.

Porque por mucho que nos pueda pesar, no hay más cera que la que arde. Y durante un tiempo, es posible que sigamos a oscuras.

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