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Diario de Mallorca

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Joan Rigo

Desde París

Joan Rigo

Confinado

"Dícese de la persona condenada a vivir en una residencia obligatoria". Y, siempre según el Diccionario de la RAE, a continuación viene, confinamiento: "Acción y efecto de confinar". Lo que en términos jurídicos se convierte en: "Pena aflictiva consistente en relegar al condenado a cierto lugar seguro para que viva en libertad, pero bajo la vigilancia de las autoridades". Más claro imposible.

Ahora bien, al enredar en la etimología, vemos que proviene del latín "confinis" y de ahí, confín: "Termino o raya que divide las poblaciones, provincias, territorios, etc., y señala los límites de cada uno". También bastante comprensible, fácil. Pero que se complica en una segunda acepción, ya que el confín puede interpretarse como: "Último término a que alcanza la vista". Compleja definición que relativiza mucho el sentido del vocablo en cuestión. Y es que lo del confín tiene para mí una connotación misteriosa, fantasiosa, como de relato de Julio Verne, los confines del mundo conocido. Y en la misma página del diccionario, encontramos el confinar, utilizado unas líneas más arriba, que significa nada menos que: "lindar, estar contiguo o inmediato a otro territorio, mar, río etc." O sea, de nuevo ese confín y ya no solo terrestre sino también marítimo. Ulises, la Odisea, esas navegaciones improbables en los límites de lo conocido, o mas allá.

Sin embargo, en la misma entrada, otra extensión nos devuelve a la cruda realidad: "Desterrar a alguien, señalándole una residencia obligatoria". Y una más, que viene a ser una síntesis: "Recluir dentro de límites". Como un mensaje en una botella.

Sigo buceando en diccionarios y pasando al francés, al Robert de Alain Rey, Dictionnaire historique de la langue française, topamos de nuevo con los confines latinos, atestado ya en el siglo XIV como sinónimo de "contiguo, vecino". Tremenda duda, seguida de una doble interrogación: ¿vecino de quién?, ¿de los confines del mundo? Menos mal que luego se acerca a lo del principio, a lo de confinar como "forzar a alguien a quedarse en un espacio limitado". En unos límites y por la fuerza. Todos los sinónimos enumerados a continuación nos devuelven a la definición inicial: desterrado, acantonado, encerrado, enclaustrado. Y el mejor, el más esperanzador: Aislado.

Esperanzador, al menos para quienes hemos nacido en una isla, ya que, sin caer en el determinismo geográfico, se supone que estamos mejor dispuestos que otros. Aislarse voluntariamente, como prevención, no forzosamente como Robinson Crusoe. Aunque en el fondo, pese a todos los avances tecnológicos, pese al exceso de medios y de información quizás estamos más solos que nunca.

Bueno, todo esto para decirles que en ello estamos también aquí en París, un París silencioso y atípico, aislados en casa. Necesitados de un salvoconducto, descargable en la web gubernamental, que debidamente cumplimentado a diario, nos permite salir a por el pan, la compra, la farmacia, y pocas cosas más. Las municipales están en fase "interruptus", con la segunda vuelta en el aire, y con el morbo añadido de las declaraciones de la ex ministra de Sanidad, y candidata a la alcaldía de París, que se ha bajado en marcha de en Marcha, alegando que ella había avisado al primer ministro del tsunami que nos venía encima. Y uno se pregunta: si lo tenía tan claro, podría haber avisado a todos ¿no? Los de siempre, Le Pen y Melenchon, ya andan reclamando cabezas, pero afortunadamente impera el sentido común. Ahora hay que mantenerse unidos, codo con codo, aunque guardando el metro y medio de distancia recomendado como precaución sanitaria para evitar la propagación del contagio.

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