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Miguel Vicents

Vía libre

Miguel Vicens

El cuento chino iba en serio

Nos han contado todo lo que está ocurriendo con profusión de detalles y también gran parte de lo que va a ocurrir. Pero lo hicieron cuando todavía creíamos, a finales de enero, que el coronavirus solo era un cuento chino a ocho mil kilómetros de distancia. Mallorquines que viven y trabajan en Pekín, Shanghái o Guangzhou como José Salto, Irene Fiol, Noelia Pérez Maldonado o Ramon Rullán nos advirtieron hace ya más de un mes y medio de que el pánico al coronavirus es mucho más peligroso que la enfermedad, que produce mostruos. Nos instruyeron sobre las medidas de aislamiento a las que se vieron sometidos desde el primer momento y su importancia para detener el avance del virus, aunque en la repetición cotidiana se sintieran como Bill Murray en Atrapado en el tiempo. Ensayaron el teletrabajo y el mundo no se vino abajo. Nos hablaron del bloqueo paulatino del transporte y las comunicaciones que ya se produce en Europa, el nuevo epicentro de la pandemia, y a escala global, así como de la subasta al alza en el precio de los vuelos cada vez más escasos que vamos a experimentar. Ellos empezaron a vislumbrar en su relato el inicio de la caída de toda la economía productiva, mientras contemplaban paisajes urbanos desiertos en ciudadades descomunales donde antes se transitaba en fila india. Han sobrevivido todo este tiempo entre controles de temperatura y medidas disciplinarias que alteraron todos los órdenes de sus vidas. Y ahora, desde el otro lado del mundo, nos observan a nosotros por si todavía no hemos aprendido la lección.

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