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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

Hay que ampliar sa Feixina

Un juez de fuera ha condenado a los mallorquines a soportar sa Feixina, lo cual vuelve a demostrar que los forasteros nos aventajan en el aprecio a nuestras riquezas sentimentales. Un Pacto de Progreso con sentido del humor no recurriría la sentencia, sino que la cumpliría con un exceso de celo. Se impone una ampliación de la verga imperial, que un artista incluso mallorquín sabría perfeccionar con dos rotundos orejones de Mickey Mouse, un símbolo de indudable valor artístico que además seguramente entretenía las siestas intelectuales del Generalitísimo.

No insistan, ya sabemos que sa Feixina no es un monumento franquista, según lo atestiguan la inauguración a cargo del orondo dictador o los actos de Vox y del PP celebrados a su mala sombra. Solo es una casualidad que los enamorados del pingajo sean los mismos que protestarían con vehemencia, si las autoridades pretendieran salvar un edificio singular a destruir para levantar los hermosos bloques de hormigón. Si Cort tuviera el mismo sentido del humor de antes, erigiría apartamentos de lujo en el obelisco, para acallar a sus defensores por la vía urbanística.

Me importa un bledo que el monumento a sa Feixina permanezca allí otros cien años o que sea derribado esta misma noche, por lo que me parece inaceptable que la cobarde autoridad municipal no echara mano de la proverbial piqueta para despejar el entorno. Tradicionalmente, este artículo tan bien fundamentado como el falo de sa Feixina sería contrarrestado con un exordio al monumento que la villa bizkaitarra de Ondarroa dedicó al crucero franquista Baleares. Sin embargo, ya sabrán que los chicarrones norteños derribaron el infecto pedrusco con nocturnidad y grúas el año pasado, grabando su performance en vídeo. Se amagó con emprender acciones legales, nunca sustanciadas. Cuánto tenemos que aprender de ese País Vasco.

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