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Tierra de nadie

Mañana

La neuralgia está al otro lado de la puerta. La percibo como cuando de niño escuchaba e interpretaba los ruidos de la habitación de mis padres. Significa que he amanecido en buenas condiciones y que he llevado a cabo todos mis rituales de primera hora de la mañana sin problema alguno. Incluso he salido a caminar un rato bajo una lluvia fina, bastante podrida por la contaminación, de la que me he protegido bajo un paraguas plegable de cuatro euros con cincuenta. Todo el orden, pero la neuralgia da vueltas al otro lado de la puerta, estudiando el modo de abrirla para invadir mi cabeza e inutilizarme la jornada. No sé si tomarme preventivamente una pastilla o dos. Finalmente, no me tomo ninguna para ver si soy capaz de mantenerla a raya sin ayuda farmacológica.

Encuentro, en la barra del bar donde le echo un ojo al periódico, al fisioterapeuta del barrio. Es un tipo muy apreciado que practica un tipo de masaje japonés, de nombre “Shiatsu”. Tiene unas manos increíbles, pues localiza los nudos musculares y los deshace a base presión. Manipula los ligamentos con una sabiduría inconcebible mientras te explica los meridianos corporales por los que circula la energía vital. Sales de su consulta dolorido y agradecido a la vez. A las cuarenta y ocho horas de su actuación, te encuentras como nuevo.

Tras saludarnos, caigo en la tentación de contarle lo de la neuralgia agazapada detrás de la puerta. Me pregunta por los síntomas y le hablo de la ligera dificultad respiratoria que precede a las explosiones de dolor. Me toca ligeramente la garganta y dice que tengo un “bolo histérico”.

-¿Te duele un poco al tragar? -pregunta.

-Un poco, sí -respondo.

-Procura no agobiarte, es puro estrés.

Vuelvo a casa con el bolo histérico perfectamente instalado en la faringe. Ya no es una amenaza inconcreta, sino un bulto. Me parece más manejable un bulto que un fantasma. Atravieso el resto del día sin realizar movimientos bruscos y alcanzo la noche sin que la energía de ese bulto se haya transformado en la materia del daño. Me acuesto pronto, por si acaso. Mañana veremos.

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