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Desde el siglo XX

Niñas prostituidas, Dimisiones obligadas e inevitables

La presidenta Armengol ha tenido un acto fallido al decir que las dimisiones no resuelven el problema, lo habitual cuando el agua salta los diques de contención y evidencia la inoperancia

Es tan grave lo sucedido con las niñas tuteladas por el Consell de Mallorca que han sido captadas por redes de prostitución, que el caso no podrá cerrarse sin que las llamadas responsabilidades políticas alcancen la cúspide la de institución insular. No hay forma de salvar dignamente la cabeza de la presidenta del Consell Catalina Cladera y con la suya todas las de la cadena de mando del IMAS. Cuando la presidenta Armengol dice que es imprescindible poner más recursos para detener a los abusadores y proteger a los menores está enunciando una obviedad que contiene un cínico trasfondo político, que no es otro que el de tratar de obviar la responsabilidad que atañe directamente a una de sus más íntimas colaboradoras, Catalina Cladera, y al presidente del IMAS, Javier de Juan.

El asunto contiene la suficiente potencia deflagratoria para que un partido tan inoperante en la oposición, tan desecho internamente como es el PP de Mallorca haya visto que tiene que actuar de inmediato solicitando dimisiones, que es lo correcto, e incluso invocando la comparencia en el Congreso de los Diputados del vicepresidente tercero del Gobierno encargado de los asuntos sociales, Pablo Iglesias. Ahí hay un nítido intento de oportunismo político, que es habitual en quien lo protagoniza, Marga Prohens. El PP también ha gestionado el IMAS, pero ello no es argumento válido para escurrir el bulto, que es lo que pretenden Armengol y Cladera clamando por más medios y solicitando la implicación de los cuerpos policiales para yugular la repugnante práctica, que siempre ha existido, de prostituir a menores.

Si se desata una batalla partidista entre quienes gobiernan y la oposición, que es lo más probable dada la tullida talla política que vienen evidenciando unos y otros, lo que no es nada nuevo en la clase política mallorquina, a la que le faltan abundantes mimbres para poder ser positivamente considerada, se entrará en un sinfín de acusaciones y reproches que embarrarán el debate y poco contribuirá a hallar soluciones.

Las preguntas están ahí y han de ser respondidas con claridad: ¿cómo ha podido suceder que niñas menores de edad tuteladas por una institución pública hayan podido ser prostituidas? Peor aún: ¿cómo ha sido posible que una situación que viene de lejos no haya sido detectada hasta ahora? De momento ni la escurridiza Armengol ni la atribulada Cladera ni el carbonizado De Juan han ofrecido respuesta mínimamente satisfactoria. “Asumimos la responsabilidad que tenemos ante una cuestión muy grave, pero hablamos de una problemática muy amplia y compleja ante la cual hay que poner el foco en el consumidor y perseguir al abusador”. Fenomenal ejercicio de escapismo. Insuperable declaración de cinismo. La señora Armengol diluye su propia responsabilidad, la que le viene otorgada por su condición de presidenta de la Comunidad Autónoma balear y la de secretaria general del partido socialista, que es el que ostenta la presidencia del Consell de Mallorca. A Catalina Cladera se evidencia que el asunto la ha desbordado desde el primer momento.

En la política española y por supuesto en la mallorquina la dignidad y la ética se ausentan con frecuencia. Nunca el oportunismo. Si Cladera poseyera ética y una cierta estética dimitiría, por la comprensible razón de que bajo su autoridad, en un departamento adscrito al Consell, unas menores tuteladas han sido prostituidas. Pero hete aquí que la presidenta Armengol acude al rescate de Cladera asegurando que las dimisiones no resuelven nada. Puede, pero al menos ejemplarizan.

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