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Pilar Garcés

El desliz

Pilar Garcés

La violación de una niña

La respuesta a la brutal agresión sexual grupal a una menor tutelada por el IMAS, que ha desvelado que docenas de chicas residentes en centros públicos son explotadas por gentuza, no puede ser el silencio

Está pasando, que diría el latiguillo de moda. La presunta (porque se sigue investigando) violación en manada de una niña de 13 años en Palma el día de Nochebuena. La presunta brutal agresión colectiva a una cría tutelada por la administración. Las pesquisas que sacan a la luz que pudo ser captada por una gentuza dedicada a buscar menores especialmente vulnerables para prostituirlas a cambio de regalos. Las voces que dicen que sí, que no es nuevo, que esto ha ocurrido antes más veces sin que nadie mueva un dedo pese a los avisos reiterados de los cuidadores. Diecisiete casos reconocidos de chicas y un chico que viven en centros de menores en régimen de semilibertad y que han sido explotados sexualmente por "una red organizada", en palabras de Javier de Juan, presidente del Institut Mallorquí d'Afers Socials (IMAS), dependiente del Consell de Mallorca. Otra lacra. Está pasando al lado de casa y produce escalofríos. Qué tipo de amparo se está dando a los chavales que se arrebatan a sus familias porque no les cuidan bien, que acaban en un infierno igual o peor. Qué medios se están poniendo al alcance de sus educadores y terapeutas, y de las fuerzas de seguridad para que persigan estos delitos horribles contra los más débiles de entre los más débiles. Cuánto interés hay en eliminar esta violencia repugnante. "Estos casos no solo se dan en centros públicos, también los hay en familias normalizadas", remata De Juan con ese punto de resignación tan difícil de procesar cuando se está hablando del sufrimiento de niños. Acabáramos. Si ocurre en las mejores familias, y en las instituciones públicas que han de garantizar los derechos de la infancia, de qué sirve fichar mañana. Cerremos el chiringuito y dediquemos el espacio a la hostelería, que solo nos da alegrías. Ayer se reunieron IMAS y policía para hablar de este asunto. No se han dado una prisa extrema; debe tratarse de un asunto menor. El resultado se salda en pedir que dejemos de hablar del tema, a beneficio de la intimidad de la menor y de la continuidad de los mayores.

Recuerdo que cuando en septiembre pasado se conoció la violación de una residente de 94 años en La Bonanova, dependiente también del IMAS, a manos de su cuidador, pensé a qué edad puede una mujer sentirse segura en esta ciudad. Ni a los 13 ni a los 94, parece ser. En ninguno de los dos casos nos ha dejado boquiabiertos la diligencia demostrada por la administración a la hora de ejercer su papel de vigilante de la integridad de las personas de las que se ocupa directamente. Ya no digamos del resto. Respuestas en abstracto: Cifras, protocolos, esos casos de los que usted me habla, y muy poca autocrítica. Espero que al Consell presidido por una mujer, al Govern presidido por otra mujer y a la conselleria de Serveis Social a cuyo frente hay una mujer no les baste con cuatro generalidades para dar carpetazo a un asunto tan grave como el abuso de menores porque a todas luces el sistema no está funcionando. La trata de personas, a la escala que sea, merece un repudio mayor y más organizado que un tuit, que una coreografía en la plaza a la que precisamente los depredadores acuden para encontrar víctimas propiciatorias. Sería de desear que los nuevos aires de la política cambien de verdad males que parecen incurables de puro cronificados. Trece años, una vida muy corta para albergar ya tanto daño.

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