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Norberto Alcover

Un texto programático

Norberto Alcover

Carta pastoral del obispo Sebastián

Uno de los deseos más sutilmente deseados por el Papa Francisco, si analizamos en profundidad sus documentos, es que las iglesias locales, como Mallorca, asuman, estudien y proyecten en su dinamismo diocesano/territorial su forma de ver la Iglesia católica de cara a una renovación que no se quede en meras palabras: "Para vino nuevo, odres nuevos".

Sebastián ha tomado buena nota del deseo papal y, en descarada armonía con el texto programático de Francisco, la Evangelii Gaudium, primero reestructuró pastoralmente la diócesis y ahora, en un segundo momento, emite las líneas, siempre pastorales, para animar aquella reestructuración. Había prefijado el cuerpo y ahora indica sus patrones directivos para conseguir una sola cuestión: que la Iglesia de Mallorca se arme de espíritu y de valentía para poder proclamar a Jesucristo en momentos de profundo cambio cultural. Porque la Iglesia católica solamente cobra sentido desde el pueblo al que sirve en pluralidad de dones, en fidelidad a los valores evangélicos, siempre unida (en comunión) y siempre pascual.

La carta pastoral se titula Bautizados, confirmados y enviados, título que entraña una determinación posicional de principio a fin, con todas las matizaciones necesarias: se trata de invita a que todos los miembros del pueblo de Dios en Mallorca, ya con un sustrato cristiano sustancial, sean capaces de hacerlo operativo como tal pueblo, congregado, unido y organizado de manera que, en la misma proclamación de Jesucristo, testifique su intención. Estamos ante una promulgación extensiva en intensiva de la salvación de Dios en Jesucristo como hijo del padre y no menos de María. Todos los creyentes católicos, pues, son el objetivo evidente de esta carta. Pero de esta manera, como se lee, inclina la catequesis en un sentido cristológico dominante. Un solo pueblo y un solo señor en la Iglesia de Mallorca.

En consecuencia, el texto es programático en sus veinte artículos que recorren las exigencias de la visión eclesial/local comentada. Desde una exigencia inicial del concepto de "misión" como forma de articular la presencia eclesial en la sociedad, desembocamos en ese otro concepto de "comunión" /unidad, como actitud de los creyentes para vivir la situación concreta en calidad de pueblo de Dios. Una misión desde la comunión, podría ser un brevísimo resumen del aliento de este documento que marca un hito en el episcopado de Sebastián. Y desde ahí, adelantando el final del texto, nos abrimos a la santidad, objetivo no menos querido por Francisco: misionar en caridad fraterna/comunión implica y produce esa opción por el amor samaritano, que incluye inculturación, discernimiento, preocupación ecológica, piedad popular, respeto por la tradición, migración, derechos humanos, libertad religiosa y refugiados, con intensa alusión al matrimonio. Una misión muy amplia que solamente comunitariamente podemos desarrollar. En compañía de sacerdotes y diáconos, de laicado y vida religiosa, con específica atención por el seminario y formación bíblica. Además de la oración personal y comunitaria. Porque, insiste, quien favorece, alienta y consuma todo lo anterior es el santo espíritu desde el don de la santidad.

Llegamos al final como arrancamos al comienzo, con un Jesucristo que se limita a interrogarnos de esta forma, como interrogó a Pedro: "¿Me amas?" Toda teología cristiana encerrada en esta pregunta existencial, de amigo a amigo, y que reduce los grandes principios desarrollados a una cuestión de "amistad personal" entre el creyente y Jesucristo, como siempre ha sucedido en el caso de los hombres y mujeres que la Iglesia reconoce como santos explícitos. El cristo centrismo ya indicado desde el comienzo, es el eslabón entre este texto programático y nuestra vida cotidiana, porque tal pregunta podemos escucharla siempre y en cualquier situación. Si Dios en cuanto tal es amor, es lógico que, casi en exclusiva, nos pregunte por el amor aquel absolutamente unido a Dios. Sebastián, así, consigue trasladar la gran doctrina eclesial y su teología correspondiente, a la vida personal y comunitaria de la Iglesia de Mallorca, de manera que nadie se sienta excluido. Adecuando la Evangelii Gaudium a la visión misionera y comunitaria de nuestra diócesis con una claridad plausible.

¿Y la articulación práctica y concreta de toda esta visión eclesial/local? Está clarísima la posición de Sebastián: en las parroquias, probablemente la cuestión que analiza con mayor hondura, relacionada estrechamente con la figura del sacerdote, del diácono y, más allá todavía, del laico/a. La alusión al seminario y a una pastoral vocacional de alto calado, apoya esta nueva visión de unas parroquias llamadas a practicar la "pastoral de la proximidad". Una proximidad en la que el laicado debiera jugar un protagonismo mayor.

De suyo, no estamos ante una simple pastoral de un obispo, porque nos encontramos ante un texto totalizante desde el punto de vista diocesano, ante las relaciones de nuestras Iglesia de Mallorca con nuestra sociedad? sin perder sus señas de identidad, y sobre todo estamos ante el hecho de que nuestro obispo sitúa a Jesucristo en el epicentro de toda su visión teológica y pastoral. No es frecuente un texto así y personalmente le estoy agradecido por el compromiso personal que ha contraído con nosotros, creyentes católicos, al indicarnos sus caminos como obispo de Mallorca. Nos ayuda y se expone.

Se trata de un texto largo, un pelín largo, pero susceptible de trabajarlo en grupos de todo tipo mediante las frecuentes listas de interrogaciones prácticas, oraciones sólidas, y esas páginas dedicadas a que cada lector/a escriba sus puntos de vista a medida que lee y comparte. Tal vez, sería interesante, pensando en lectores/as de a pie, una reducción del texto a manera de "índice comentado", que suscite las ganas de enfrentar el texto que hemos leído. Puede ser una indiscreción por mi parte sugerirlo, pero una lectura despaciosa lleva a todo tipo de reflexiones pastorales.

En una palabra, "para vino nuevo, odres nuevos", siempre en torno a esta "misión en comunión" del comienzo. Solamente me queda animar a creyentes y no creyentes a la lectura reposada y fraternal de un texto que, bautizados y confirmados, además de enviados, tenemos que recuperar el vigor regalado por el espíritu en el Vaticano II. Y para que todos los hombres y mujeres de buena voluntad sepan a ciencia cierta los caminos que la Iglesia de Mallorca está dispuesta a recorrer. Nos queda colaborar con esperanza esta llamada a ser mejores discípulos de Jesucristo en esta tierra mallorquina a la que pertenecemos. Ojalá.

N.B.: La carta pastoral será presentada el jueves 23 del presente en el salón de actos del colegio San Francisco a las 20 horas.

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