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Marisa Goñi

Una nueva transición que va a exigir lo que no está escrito

La superación del 'conflicto catalán' y un nuevo presupuesto serán los principales retos del primer gobierno de pacto en España

Lo que a partir de ahora va a descubrir España, hace años se viene practicando en les Illes Balears, sin apocalipsis a la vista. Gobiernos de pacto por la izquierda. El primer Ejecutivo estatal de coalición de la democracia, formado por socialistas y podemitas, nace de una mínima ventaja de dos votos y mucho ruido de fondo. Nada que no conozcamos en estas latitudes. Venían las derechas malheridas por esa "Europa que ha traicionado a España" en el asunto catalán y ahora esto. Presidente socialista, como ministros salidos de las plazas del 15-M, y aliados independentistas. Si hasta Bildu se ofreció a votar sí para bloquear un posible tamayazo y asegurar la presidencia al candidato. Lástima que el aspirante fuera socialista y fuese evidente la mano de la inexistente ETA detrás de la jugada. Porque si hubiera sido el popular Pablo Casado, reflejaría la superación de barreras ideológicas y la implicación del independentismo en la nueva articulación de España, por lo menos. Esta investidura nos ha dejado momentos cutres como el no aplauso de Vox a la diputada de En Comú Podem, que lastrada por un cáncer agresivo acudió al hemiciclo a cumplir su trabajo. También momentos memorables de la oratoria parlamentaria, como la intervención de Aitor Esteban (PNV), cuando recordó a quienes afeaban las gruesas palabras a la Corona y cuestionaban la legitimidad de la investidura, que en democracia todos los poderes están sometidos a la crítica y, sobre todo, que estaban allí reunidos porque el Rey de España así lo había ordenado al depositar la responsabilidad de formar Gobierno en Pedro Sánchez, no en otros. Grandeza democrática.

Si el acceso al Gobierno ha requerido audacia a raudales, llevar el timón de la nueva transición en España va a exigir lo que no está escrito. Así de literal. En quince días, el mismo Pedro Sánchez que tiempo atrás apoyó el 155 tiene que convocar la prometida Mesa de Diálogo sobre Cataluña. El Gobierno de España, o al menos, el medio gobierno socialista, se propone buscar sendas en el marco de la Constitución. O sea, de entrada, no mucho más que una nueva reforma del Estatut que suponga un avance en el autogobierno catalán con un un horizonte de Estado federal como decorado de fondo. Al otro lado, ERC llevará como orden del día permanente el derecho a la autodeterminación, que los catalanes puedan decidir como sujeto soberano sobre su futuro. Encajar esas dos miradas no se antoja tarea fácil, pero ambos partidos son conscientes de lo ligadas que están sus suertes en el futuro inmediato. Han dejado mucho en el camino como para tirarlo todo por la borda al primer calentón. Unos ya han aceptado la existencia del "conflicto catalán" y los otros, ya han abandonado la vía unilateral, pese a tener compañeros políticos en prisión por el 'procés', como Junqueras, que ayer mismo fue nombrado vicepresidente de los verdes europeos.

Sacar adelante el presupuesto será una de las primeras pruebas de fuego del nuevo Ejecutivo. Se ha puesto mucho el acento en el capítulo social, en romper la brecha de la galopante desigualdad. Sin olvidar, la asignatura pendiente que debemos a las nuevas generaciones, el combate al cambio climático y la apuesta por la transición energética. Una senda que exige mano firme en la consecución de nuevos ingresos. Sin horizonte económico expansivo a la vista, han pactado subida de impuestos a los más ricos y persecución del fraude fiscal. Pedro Sánchez presume de que trabaja mejor bajo presión. Pues va para matrícula.

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