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Voluntades y obligaciones

Los políticos de todos los pelajes suelen utilizar una falacia clara: la de atribuir a la voluntad individual de los ciudadanos los resultados electorales y la consecuente composición del Parlamento. En contra de lo que sostienen los portavoces del PSOE, por ejemplo, quienes ejercieron su derecho a acudir a las urnas no han querido que gobierne Pedro Sánchez. De haber sido así, le habrían votado todos ellos; los que deseaban convertirle en presidente son sólo aquellos que eligieron la papeleta socialista. Tampoco querían los electores un Congreso fragmentado, ni ansiaban que los partidos resolviesen las dificultades de semejante distribución de los escaños facilitando la investidura. Cada ciudadano que depositó su voto en la urna tenía una preferencia concreta „salvo si era en blanco„ y si bien es obvio que los resultados son la suma de cada una de las opciones individuales, no hay nada semejante a una voluntad colectiva. Por poner un ejemplo chusco, si la mitad de los miembros de una familia quiere veranear en la montaña y la otra en el mar, con el resultado de que tienen que quedarse en la ciudad, no podemos sostener que esa familia no quería irse de vacaciones.

Así que es una falacia absoluta sostener que los partidos del arco parlamentario tienen la obligación de hacer lo que sea para que el candidato Sánchez sea investido porque así lo ha ordenado el conjunto de los votantes. Por supuesto que la cúpula socialista puede elegir los socios parlamentarios que desee pero cae de su cuenta „de la del PSOE„ el ofrecer a cambio las contrapartidas que se le exijan. Los soberanistas de ERC ya han hecho públicas las suyas: una mesa de negociación con un relator y la organización de un referéndum sobre la independencia de Cataluña como asunto a debatir. De acuerdo con los propios socialistas, las conversaciones en ese sentido avanzan. Pero a la vez el candidato Sánchez se ha reunido con Casado del Partido Popular y con Arrimadas de Ciudadanos y, por lo que ha trascendido, no les ha hecho ninguna oferta a cambio de sus votos. Sólo les ha emplazado a apoyarles si no quieren que se eche en brazos del soberanismo.

Pues bien, a esa figura se le llama chantaje, no voluntad popular. Ni ERC, ni el PP, ni Ciudadanos, y ni siquiera Unidas Podemos, tienen obligación ni mandato popular alguno para que la investidura llegue a buen puerto. Con lo que, si todas las negociaciones fracasan, los culpables son los protagonistas del diálogo fallido y no quienes carecen de fuerzas parlamentarias para proponer candidato a la presidencia. De no lograrse el acuerdo con ERC habrá que concluir que los socialistas se han aferrado a la Constitución de manera estricta. Pero si ni el PP ni Ciudadanos apoyan a Sánchez, habrá que ver qué se les ofreció y rechazaron. No tienen obligación alguna de regalar, como hizo ERC en la legislatura anterior, sus votos.

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