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Antonio Papell

Una pecaminosa torpeza

El caso de los ERE, sin duda de extrema gravedad, no es del todo encasillable en el epígrafe ordinario de lo que ha sido hasta ahora la corrupción política de este país, directa o indirectamente vinculada en general a la financiación ilegal de los partidos políticos y siempre ligada a la explosiva combinación de ambiciones humanas y falta de controles democráticos que ha caracterizado nuestra ya cuarentona etapa democrática, en la que muchos han descubierto las bondades del capitalismo sin que se hubieran instalado los frenos, contrapesos y filtros que habían de poner límites a la desfachatez y a la avaricia.

Chaves y Griñán, presidentes de la Comunidad Andaluza „el primero en el periodo 1990-2009; el segundo, entre 2009 y 2013, aunque anteriormente fue consejero de Economía y Hacienda entre 2004 y 2009„ son dos personajes austeros e intachables en su comportamiento personal de los que hasta sus enemigos dan por seguro que jamás se apropiaron de algo ajeno, y que sin embargo fueron incapaces de entender „si la sentencia que acaba de dictarse relata fielmente los hechos y acaba adquiriendo firmeza tras los recursos„ algunos de los fundamentos de la democracia y la delicadeza con que cualquier político debe manejar el dinero público.

La larga preponderancia del socialismo en Andalucía, que se mantuvo en el gobierno de la comunidad autónoma desde las preautonomías y hasta su derrota el pasado diciembre a manos de un tripartito conservador, acabó engendrando un enfermizo clientelismo, es decir, una connivencia insana entre los poderes públicos y la sociedad civil, que afectó a la neutralidad de ciertas instituciones. A lo que parece, a la luz de la sentencia, se creó un aparato perverso y viciado que socorría a los empresarios "amigos" en crisis, facilitándoles la realización de ajustes de plantilla retribuidos „los famosos Expedientes de Regulación de Empleo„, un empeño opinable que en todo caso debió haberse realizado bajo el estricto control de la intervención general del Estado y aplicando rigurosamente la normativa sobre subvenciones.

Por contrario, según la sentencia, en el 2000 se ideó un artificio para agilizar el pago de aquellas ayudas. Un sistema fraudulento que no requería el asentimiento de la intervención general del Estado y que daba pie a toda clase de arbitrariedades. Por aquella vía, se concedieron ayudas por importe de 680 millones de euros, que no se volatilizaron, obviamente, pero que se distribuyeron sin arreglo a la ley y en muchos casos dieron lugar a inaceptables y escandalosos abusos.

La política, que todo lo corrompe, se ha apresurado a comparar el caso de los ERE con el caso Gürtel y las deshonestidades del PSOE con las del PP con el fin de sacar rédito de lo ocurrido. El único parangón aceptable es el de la reprobación sin paliativos de cuanto infrinja las leyes. Cada caso es un mundo y el único criterio que debería aflorar del guirigay es el de que nuestra convivencia se basa en el imperio de la ley, por lo que todo abuso, toda vulneración, toda ruptura de la norma que nos hemos dado es condenable por principios, sin paliativos ni disculpas.

Dicho esto, muchos españoles sentados „esos que aguardan pacientemente y en estado de reflexión el paso de las horas„ tienen su propia opinión sobre las personas, y estoy seguro de que Chaves y Griñán son más criticados por haber engendrado y cultivado un monstruo -un régimen viciado que ha sido fruto de haber ostentado demasiado poder durante demasiado tiempo- que por unas ilegalidades de las que no se han lucrado. Ocuparon cargos de gran responsabilidad, no se enriquecieron, vivieron discretamente, fueron eficaces y serviciales, pero no entendieron los rigores estrictos del servicio público. Todos cometemos torpezas pero esta fue una pecaminosa frivolidad, una tremenda pérdida de los grandes principios y de la perspectiva. Ellos lo saben, y su cara, que es un poema, revela conciencia de su error. Muchos de nosotros, que pensamos que la condena es justa (a expensas de lo que diga el Supremo), no podemos evitar cierta piedad ante lo que para que algunos de los condenados es una dolorosa constatación de un gran facaso.

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