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Ramón Aguiló

Escrito sin red

Ramón Aguiló

Ética para catedráticos de filosofía

Conocemos obras de filósofos dedicadas a la ética, algunas son consideradas fundamentales por explicar su origen en occidente, como puede ser la Ética a Nicómaco de Aristóteles, que nos dice que el ejercicio de la virtud es la base de la ética porque conduce a la felicidad, que es el objetivo de todos los humanos. Se accede a la virtud no sólo a través del ejercicio de la razón, sino que requiere del cultivo de la misma a través del hábito. Para la ética los fines del individuo y del Estado deben ser coincidentes. En España fue muy leído un libro de Fernando Savater, profesor de filosofía y filósofo también él mismo, dirigido a los adolescentes, Ética para Amador, en la que ensayaba la introducción de los jóvenes en la conducta virtuosa, en el arte de distinguir lo que es bueno de lo que no lo es, en el arte de construir una vida virtuosa, capaz de conducir al buen vivir. En su empeño para la supervivencia en los tiempos difíciles del relativismo, un pedagogo como José Antonio Marina ha publicado su Ética para náufragos dirigida a cuantos chapotean en busca de un asidero. Kant introducía su imperativo categórico: "Actúa de manera que tu máxima pueda convertirse en una ley universal", que no deja de ser una versión del "no quieras para los demás lo que no quieras para ti mismo".

Después de la información del periodista Javier Chicote en ABC que denuncia el plagio cometido por el catedrático de filosofía, militante del PSC-PSOE y presidente del Senado Manuel Cruz, en su Manual de filosofía contemporánea, publicado en 2002 y reeditado en 2010, habría que pensar en que, alguien dotado para ello y no simplemente alguien que tuviera una acreditación de la universidad española, publicara una Ética para catedráticos de filosofía, ya que una Ética para políticos españoles sería tanto como para pretender que los alacranes dejaran de actuar de acuerdo con su naturaleza. Eso sí, para catedráticos sin empeño en convertirse en políticos. En su información Chicote muestra un mínimo de quince plagios de las obra de filósofos como Gianni Vattimo, en su Introducción a Heidegger, de Nicola Abbagnano en Historia de la filosofía, de José María Mardones, de Nicanor Ursúa, por el método del "corta y pega" del programa de Word, sin citar ni entrecomillar. Se ha realizado la investigación con la herramienta informática que ya se hizo célebre en el análisis de los plagios realizados por el doctor Sánchez en la tesis doctoral que le fue otorgada por un tribunal de afines. Se recuerda que de la Moncloa procedió la falsedad de que sólo existían un 21% de coincidencias con publicaciones originales; posteriormente se supo que eran muchas más. La empresa titular de la herramienta amenazó con querellarse.

La respuesta no la ha protagonizado Cruz, sino un llamado "grupo de trabajo en el Senado de Manuel Cruz". Sobre la información periodística afirman que se trata de "ligeras coincidencias entre especialistas en determinados autores". El propio ejecutivo, a través de la ministra de Educación, Isabel Celaá ha salido en defensa de Cruz diciendo que "más allá de un texto literal de dos líneas" (falso), un plagio consiste en hacer pasar como propia una idea o un concepto" (sic), "No me parece un plagio". En fin, según la máxima autoridad educativa en funciones del Estado, hacer pasar por propio un texto de otro autor no es plagio. Según la ministra, los más de quince párrafos en los que se comprueba que su autor no es el presidente del Senado, no contienen ni ideas ni conceptos. Está por ver entonces cuál es su naturaleza, seguramente solecismos. Entonces la pregunta sería ¿por qué introduce Cruz solecismos en su obra pedagógica? La otra justificación aportada por el grupo de trabajo es que la obra no es una "creación" sino un manual para estudiantes. Será que de una obra como la contemplada no se cobran derechos de autor, por no ser "creativa". Si el PSOE mantiene a Sánchez cuando, en realidad, está en manos de Sánchez ¿cómo defenestrar a Cruz?

Pero lo más significativo del comunicado del grupo no es la alusión a "ligeras coincidencias con otros especialistas", sino la atribución a la información de una intencionalidad política, la afirmación hipócrita del "no todo vale; incidir en el desprestigio de la política y en la desafección de los ciudadanos hacia ella y hacia las instituciones". No, el desprestigio de la política y la desafección hacia las instituciones son la cosecha de la partitocracia, que, con la corrupción, la colonización del Estado, el clientelismo, y, como ahora, la atención exclusiva a sus propios intereses de poder en vez atender a la urgencia de que exista ya un gobierno que gobierne y afronte el Brexit, la crisis económica que inducirá la guerra comercial entre EE.UU y China, la sentencia del procés y la obtención de un presupuesto que permita el funcionamiento correcto del Estado. El desprestigio de la política está directamente relacionado con su concreción en trincheras sólo formalmente delimitadas por las ideologías, en realidad por la defensa acorazada de cargos remunerados, intereses y prebendas disfrazados de ideología y defensa de intereses generales. Tiene bemoles que los protagonistas de la farsa que nos conduce a repetir elecciones se atrevan, con cinismo superlativo, a acusar a la prensa libre, por muy conservadora que sea, de los males que ellos provocan. Cruz es sólo un epifenómeno de Sánchez. Un epifenómeno poco ejemplar, como catedrático y como político. El peligro es Sánchez.

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