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HOJA DE CALENDARIO

Pedro Villalar

Encerrarse a negociar

Si de verdad se quiere conseguir acordar algo, partiendo de posiciones enfrentadas que se basan en postulados distintos, y esta voluntad es firme porque defiende un objetivo, el del acuerdo, que se considera más valioso que el apego a las posiciones propias, hay un sistema infalible: encerrarse unos y otros en una habitación, con la condición de no salir de ella hasta que se consiga ese punto medio anhelado que resulte aceptable para ambas partes. De algún modo, el cine nos ha ilustrado sobre el funcionamiento de una institución típicamente anglosajona, el jurado, en que un grupo heterogéneo de ciudadanos se enclaustra por tiempo ilimitado hasta que logra un veredicto.

Claro que para estar dispuesto a aceptar esta presión exorbitante (cuando de política se trata, no de procesos penales), hay que estar convencido de que ética y políticamente el consenso es necesario, por lo que se está dispuesto a sujetarse a él, y a renunciar lógicamente a una parte de los postulados propios, ya que el acuerdo no sería posible sin cesiones por ambas partes.

Aquí, todo indica que lo que ocurre no es que haya dificultades para conseguir una transacción intelectual aceptable, para lograr un punto de equilibrio entre las dos posturas, tampoco tan divergentes: lo que pasa realmente es que nadie quiere abandonar sus posiciones de partida, renunciar a una parte de sus principios, condescender con quien piensa distinto. Y es muy peligrosa esa certeza tan rotunda y absoluta que imposibilita cualquier negociación fecunda.

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