24 de julio de 2019
24.07.2019
Las cuentas de la vida

Pronto saldremos de dudas

Sin pacto, tendremos elecciones en noviembre. Con pacto, un gobierno Sánchez-Iglesias seguiría definido por una desconfianza visceral. El jueves saldremos de dudas

24.07.2019 | 02:45
Pronto saldremos de dudas

El tenso debate del pasado lunes evidenció la dureza del momento parlamentario. Hace apenas unos días la alianza con Unidas Podemos resultaba inevitable una vez cerradas las puertas a un pacto con Cs y con la demoscopia planteando escenarios inciertos en una hipotéticas generales. La cultura política en España no es precisamente sosegada y la desconfianza de la izquierda cuenta con raíces más profundas que la animadversión personal que pueda haber entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. Para la formación morada, la visibilidad que le otorga entrar en un gobierno le permitía limitar el riesgo de descomposición tras los errores cometidos por su líder y la irrupción del errejonismo como opción electoral. Al PSOE, la permanencia en la Moncloa le garantizaba no sólo mantener la presidencia sino preservar también intacta aquella vieja máxima de Andreotti según la cual el poder desgasta sobre todo al que no lo tiene. Al menos en un ciclo económico todavía favorable como el actual.

Y esa es la ola a la que parece que nos aboca una coalición de gobierno. Subir, por un lado, los impuestos con la excusa de las exigencias de Bruselas y las dificultades para equilibrar las cuentas públicas. Por el otro, impulsar determinadas líneas de gasto social que permitirían atenuar los desajustes ocasionados por la crisis de 2008. Cabe prever incrementos en las pensiones, las becas, los sueldos de funcionarios y en el salario mínimo interprofesional. Ningún gobierno tendría margen para más y seguramente quizás ni para esto. La otra gran ola que persigue la izquierda –ese mínimo común denominador- es la promoción de un nuevo lenguaje cultural e ideológico, que se ha convertido en el campo de batalla preferido por el progresismo. Difícilmente habrá discrepancias entre los dos partidos en cuanto a la letra pequeña de estas medidas, que van de la creación de impuestos ecológicos a una mayor laicización del Estado.

En esta hipótesis, mientras la economía continúe avanzando, la derecha se hallará incómoda en la oposición. Durante los últimos veinte años no ha logrado modernizar su discurso y ha perdido el favor de los intelectuales conservadores tras el agotamiento de las políticas neoliberales de los años 80. Los casos de corrupción que en España han afectado especialmente al PP –no hay que descartar una nueva remesa de casos– y la ausencia de un discurso político eficaz trazan un perímetro de gran complejidad para el principal partido de la oposición, mientras que las contradicciones internas de Cs alejan las posibilidades de superar a los populares en el corto plazo. A día de hoy, el bipartidismo matizado sigue siendo la opción más plausible a unos años vista.

Dos serán los factores que hubieran validado el futuro del pacto Sánchez-Iglesias. El empuje de la economía es el primero. El segundo, la cuestión territorial, indisociable de Cataluña. En otoño, con la sentencia del procés, se vivirá un primer episodio de fuerte inestabilidad; pero más importante que la sentencia en sí será la gestión de los meses posteriores. ¿Quién la hará? ¿Habrá gobierno estable o estaremos en campaña electoral? Sin pacto, tendremos elecciones en noviembre. Con pacto, un gobierno Sánchez-Iglesias seguiría definido por una desconfianza visceral. ¿Le conviene al presidente convocar elecciones en este escenario? ¿Qué riesgo real querrá asumir? ¿Y hasta dónde puede tensar Pablo Iglesias? ¿Dónde quedan los problemas de fondo de nuestro país? Preguntas para las que esta misma semana tendremos respuesta.

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