27 de junio de 2019
27.06.2019
Tribuna

La ficción en la era de la nueva pornografía

26.06.2019 | 20:22
La ficción en la era de la nueva pornografía

Mi madre vivía las historias de las películas como si fueran de verdad. Eso parecía, al menos, por como mostraba sus emociones cuando eran películas de miedo. Mi padre, más parco en mostrar emociones, le recordaba que se trataba de una ficción: -¡María por favor, es una película! solía decirle. Ella sonreía: era consciente de ello, claro, pero le gustaba vivir sus emociones. Advertir la diferencia entre la ficción y la realidad, depende sin duda del espectador y del espectáculo.

Desde que presentamos en Madrid el libro Nueva pornografía y cambios en las relaciones personales ( Ballester y Orte, 2019, Octaedro), en colaboración con la Red Jóvenes e Inclusión Social, en el que todos los medios se hicieron eco, hablamos de pornografía casi a diario con unos y otros. Eso nos ha ayudado a ampliar la reflexión sobre el tema. En el libro se recogen los resultados del primer estudio riguroso en España sobre el consumo de pornografía, con una muestra importante de 2500 jóvenes de 16-29 años. En este recorrido mediático y comunitario, hemos hablado del porcentaje de espectadores, un 70% de la muestra (un 14,4% de forma diaria), de la edad de inicio, antes de los 16 años, y del género del espectador, mayoritariamente masculino. Nos hemos referido asimismo a la capacidad de influencia de la pornografía en las actitudes y comportamientos de una población, los jóvenes, en pleno desarrollo psicosexual.

También hemos hablado del espectáculo, claro. Las filmaciones pornográficas no tienen argumento, decimos siempre, no necesitan ni título. Es acción descontextualizada y simple. Se pretende que la simulación parezca real al máximo nivel, tanto, que la mirada de la filmación aparenta ser la propia. El objetivo es lograr que el espectador confunda la ficción con la realidad, e incluso se sienta el protagonista. Esa ficción muestra un modelo de acción sexual de servicio al patriarca, que se inicia y finaliza con sus deseos, sean del tipo que sean. Si hablamos del género femenino –aunque el sexo patriarcal está presente en cualquier género-, la mujer, desempeña el papel de mera actriz pasiva al servicio de los deseos sexuales del hombre. Las filmaciones muestran un modelo de referencia omnipotente en el que todo es posible sin repercusiones: cualquier tipo de acto sexual, cualquier tipo de violencia y cualquier tipo de comportamiento sexual de riesgo sin protección, sin solución de continuidad. En las filmaciones se muestra un modelo de relación que va en contra de las relaciones igualitarias, en contra del consentimiento, en contra de la libertad de elección y que alienta el consumo de nuevas formas de prostitución.


La pornografía es un negocio de dimensiones astronómicas en la producción, la distribución y las ganancias económicas. Su consumo e influencia no deja de aumentar. No podemos hacer como que no lo vemos, eludiendo nuestra responsabilidad como educadores. No debemos, mientras tanto, dejar que "otros" agazapados detrás de la enorme y variada oferta de filmaciones pornográficas, decidan sobre la sexualidad y se erijan como educadores sexuales de nuestros jóvenes. No debemos permitir que estos otros anónimos, propietarios del mercado, dirijan su sexualidad en términos de creencias, necesidades, deseos, expectativas, roles y comportamientos, sustituyendo nuestro papel. Hay mucho por hacer, tanto en lo que se refiere a la oferta y elección de los programas educativos eficaces que se deben ofrecer, como en lo que se refiere al rol de los educadores familiares y profesionales. Nuestra experiencia en educación familiar nos ha ayudado a valorar el papel de la familia, en colaboración con la escuela, para llevar a cabo programas de esta naturaleza. Programas de educación sexual integral con perspectiva de género, que sean atractivos en la forma y en el contenido. Programas que ayuden a los jóvenes a construir su propio proyecto consciente de educación sexual. Programas, en definitiva, que también aporten herramientas para llevar a cabo la deconstrucción de la oferta pornográfica en toda su extensión.

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