02 de junio de 2019
02.06.2019
Editorial

El PP balear pone en riesgo su futuro

02.06.2019 | 02:45

El Partido Popular de Balears cierra una semana en la que los malos resultados de las elecciones autonómicas, insulares, municipales y europeas han evidenciado una profunda crisis, que pone en riesgo su futuro como partido mayoritario en el centro derecha de Balears. La formación que acaparó el poder político en las islas desde la llegada de la democracia ha sido superada en votos, por primera vez, por el Partido Socialista. Una consecuencia lógica, podría pensarse, de la fragmentación de su electorado por la irrupción de partidos como Ciudadanos o Vox. Sin embargo, lo peor que le ha ocurrido al PP balear no ha sido constatar su pérdida de liderazgo en votos, sino trasladar una clara imagen de división y falta de proyecto político. Probablemente lo segundo tenga mucho que ver con lo primero, porque en la política la derrota es un trago muy duro de pasar.

Los populares habían cosechado hasta la fecha sus mejores resultados, en porcentaje de votos, en las elecciones generales. Los carteles electorales de José María Aznar en el año 2000 y Mariano Rajoy en 2011 habían sumado un 53% y un un 49,5% del total de votos. En las elecciones autonómicas, José Ramón Bauzá, también en 2011, fue el cabeza de lista que obtuvo mayor respaldo porcentual, un 46%. Fue también el líder del PP que menos tiempo tardó en pulverizar sus apoyos, ya que en 2015 obtuvo una sonada derrota y pasó de la plácida mayoría absoluta de 35 diputados a 20 escaños, con el TIL de por medio.

Bauzá, hoy en Ciudadanos, dejó en bandeja a la socialista Francina Armengol las llaves del Consolat, a través de un pacto con Més y Podemos que se ha revalidado en las urnas. Gabriel Company tuvo que recoger entonces los restos del partido, en un congreso en el que se vendió la vuelta de los populares al regionalismo conservador que tantos réditos le había dado a Gabriel Cañellas.

Las dudas sobre Company y su capacidad de liderazgo en el partido se hicieron evidentes desde el primer momento, y de forma muy gráfica, en el mantenimiento de Margalida Prohens como portavoz en el Parlament.

Es cierto que los vientos han soplado en su contra en muchos frentes. En la política nacional, el Gobierno del PP de Rajoy se vio arrasado hace un año por la crisis de Cataluña y una moción de censura que le descabalgó del poder. Dos partidos, primero Ciudadanos y más recientemente Vox, aprovecharon el desconcierto del electorado de centro derecha y ocuparon su espacio.

Company lo tenía muy difícil en estas dos elecciones. El 28 de abril el resultado fue desolador, un 16,8% de los votos y una humillante cuarta posición, por detrás del PSOE, Unidas Podemos y Ciudadanos. La expectativa era tan mala que el pasado 26 de mayo hubo quien suspiró aliviado, ya que el PP se mantuvo, al menos, en segunda posición del ranking. La candidatura al Parlament liderada por Company obtuvo un 22% de sufragios y 16 escaños. Sorprendentemente, en Palma, con Mateu Isern a la cabeza, el apoyo bajó al 18,5%.

Desde el domingo, la sensación en el PP balear es la de un barco a la deriva y sin que nadie coja el timón. La marcha de Mateu Isern, que fue colocado como candidato a Cort por los grandes hoteleros en contra del criterio del PP, deja en muy mal lugar al que fuera alcalde de Palma, incapaz de manejarse en la política alejada del poder. Gabriel Company se muestra ambiguo sobre su continuidad durante los cuatro años de legislatura y Margalida Prohens, a quien algunos apuntan como única alternativa, muestra un cómodo silencio desde su escaño en Madrid. En medio del desconcierto, quienes pierden son los ciudadanos, no sólo los votantes del PP, que han elegido mayoritariamente gobiernos de izquierda en las islas, pero quieren también una oposición que controle la acción del ejecutivo. Y que se preocupe más del interés público que de las luchas de partido.

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