29 de mayo de 2019
29.05.2019
Tribuna

La primaria agoniza

28.05.2019 | 20:01
La primaria agoniza

Esta es la carta que me remitió una gran doctora de atención primaria con un gran compromiso vocacional, con una larga y gran trayectoria asistencial. Esta doctora me pidió ayuda por un cuadro depresivo que tenía. Pero este padecimiento era la punta del iceberg que ocultaba un gran desgaste profesional. Yo solo he puesto el titular de este artículo, lo que sigue es su testimonio:

"Empecé a ejercer la medicina en Mallorca en el año 1983 y mayormente hacía sustituciones en los pueblos. Aunque las condiciones laborales eran de lo más precario (pasábamos consulta en nuestra casa, desde la camilla al fonendo nos lo pagábamos nosotros. Estábamos de guardia las 24 horas al día todos los días del año, de lunes a domingo, menos el mes de vacaciones. Siempre localizados, todos los días a cualquier hora incluidos los festivos... vamos una matadura. Sin embargo era gratificante, los pacientes nos respetaban, había una cercanía y una empatía).

A partir del 89, abrieron los Centros de Salud. Desde entonces he trabajado en Palma haciendo sustituciones y luego, después de aprobar oposiciones, en plaza en propiedad. Se puede decir que me he recorrido toda la isla, haciendo guardias a porrillo aquí y allá.

Me acuerdo la primera guardia de PAC, el día que se inauguraron, en Escuela Graduada, la circular de funcionamiento del PAC colgada en el corcho decía: "se atenderá a todo paciente que venga (sin cita y de urgencias) sea cual sea su patología aunque no pertenezca a la zona".

A finales del mes de julio del año 2018 fue cuando realmente mi familia y yo nos dimos cuenta de que algo muy parecido a una depresión muy importante había tomado una parte muy importante de mi vida diaria. Todo el mundo ha oído hablar de la depresión, pero cuando la conoces mejor es cuando te visita personalmente. Hay muchos motivos que te pueden llevar a un estado tal que todo lo que ves es desde una perspectiva totalmente negativa, que te quedas mirando al infinito y esperas que la parálisis y la tristeza pasen y puedas por lo menos andar hasta la ventana a ver que hay. Después de estar 30 años ayudando a las personas a superar sus enfermedades y sus depresiones, me encontraba en el sorprendente estado, en el "otro lado de la mesa" de la consulta.

La situación ha llegado a un punto que es imposible compaginar la buena relación médico paciente y la empatía bidireccional con la agenda que nos impone. Soy incapaz de pasar consulta en 7 minutos por paciente. No puedo, no sé hacerlo. Entonces le dedico al paciente más tiempo del que tengo y voy cogiendo retraso. Y la gente empieza a protestar y a poner reclamaciones.

Por las tardes no ponen un médico que vea las urgencias y nosotros al mismo tiempo que pasamos consulta hemos de atender a todo el personal que pase por allí (el centro está en zona turística al lado de la playa) y quieren que le vea un médico. Que no son urgencias, son gente sin cita, la mayoría con patología banal o de larga evolución.

En la sociedad actual prolifera en algunos pacientes la mala educación y encima la Administración no potencia la educación sanitaria, los autocuidados, los circuitos de cita previa, el respeto al profesional.

Entonces llegó un momento que sometida a un gran estrés crónico mis recursos adaptativos cognitivos, conductuales y emocionales se deterioraron; sobre todo estos últimos y llegó un día que totalmente desquiciada empecé a gritar a los pacientes. Esto afectó por supuesto a mi vida personal. Siempre he sido bastante adaptativa y de repente era incapaz de resolver nada, me echaba la culpa de todo, y estaba todo negro. Tristeza infinita.

Busqué ayuda tarde, pero la busqué. Inicié un tratamiento antidepresivo, ansiolítico y me dieron la baja laboral. Yo me resistía, toda la vida atendiendo trastorno de ansiedad y depresión y no me veía en el otro lado. Pues gracias al tratamiento, a que empezó a dormir, al descanso de la baja y a hacer psicoterapia, poco a poco fui levantado cabeza. Me ha costado varios meses recuperarme y volver a tener serenidad.

Conozco muchos compañeros y compañeras que están con síntomas de Burnout. Cuando atiendes una consulta de personas que vienen a buscar ayuda médica, que siempre está relacionada con problemas de familia, dinero, trabajo, etc... si tu trabajo es vocacional, de ayudar y encontrar solución de verdad para estas personas, es absolutamente necesario escuchar sus historias. Ocurre que de los seis minutos que tienes para atenderles en la mayoría de los casos tienes que dedicarle 16, 20 incluso más tiempo, la conclusión es muy sencilla no hay forma de sentirte bien con el trabajo realizado, en el 90% de los casos con el agravante de que muchos de los pacientes se sienten maltratados, mal atendidos.

Este es el motivo que a muchos profesionales de la medicina nos lleva al desánimo y a la frustración y después de muchos años de aguantar esta situación nos deja en un estado de ánimo que en ingles lo llaman Burnout pero en castellano, para entendernos más rápidamente, podríamos llamarlo, trapo viejo y chamuscado. Este verano volverá a ser de órdago porque una vez más no habrá sustitutos".

* Presidente del Simebal

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