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El impacto de la fragmentación del voto de Mallorca sobre las elecciones generales

Analizados los resultados electorales 2019 en Mallorca, y comparados con los de 2016 en cuanto a voto efectivo a los partidos que se presentaron en ambos comicios generales, hay que concluir que la fragmentación de voto es un hecho y que, a pesar de que incrementa las posibilidades de expresión democrática de los votantes, tiene cierto impacto en la futura gobernabilidad del país.

Hablando de forma general, los bloques de la derecha y de la izquierda (teniendo presente que ambos aglutinan fuerzas de componente moderada o centrista frente a otras más extremadas dentro de su orientación), se han subdividido más respecto de 2016 gracias a la irrupción de nuevos partidos (Vox, Veus Progressistes y El Pi) en la arena política de la isla y, los votos captados por las mismas han mermado la fuerza de ambos bloques. El bloque de la derecha amplía su espectro con la incorporación de Vox al elenco de partidos, mientras que la izquierda sigue compuesta por el PSOE y UP y, finalmente, el abanico se abre hacia la opción nacionalista de la mano de Veus Progressistes y El Pi.

En un escenario de fragmentación de voto como el que se ha dado en Mallorca, los partidos dominantes han seguido siendo los más votados, pero sus ventajas respecto de la capacidad ejercicio de gobierno y oposición que tenían en 2016 han disminuido. Tanto en un bloque como en el otro las fuerzas políticas se ven abocadas a la búsqueda de fórmulas de entendimiento o pactos en el seno de cada facción e incluso entre facciones para poder ejercer la oposición y la gobernabilidad con holgura.

Atendiendo a los resultados en votos efectivos de los comicios de 2016 y 2019, el reparto de las elecciones anteriores se distribuyó entre el PP, el PSOE, Cs y UP mientras que en 2019, la derecha se fragmenta con la entrada de Vox y las opciones nacionalistas captan un porcentaje de votos que, aunque insuficiente para obtener representación en el Congreso de los Diputados y en el Senado, ha mermado la fuerza de los bloques de derecha e izquierda en algún grado para poder tener más representantes en ambas instituciones. Los gráficos siguientes muestran las distribuciones de voto efectivo a partidos en ambos comicios.

Como se puede apreciar, en el bloque de izquierdas, el voto captado por el PSOE aumenta en 5,7 puntos porcentuales, mientras que el voto de UP disminuye en 8,57 puntos porcentuales. En la derecha, al fragmentarse el bloque, el PP disminuye 20,4 puntos porcentuales, Cs aumenta 2,79 puntos porcentuales y Vox irrumpe con un 12,31% de los votos. Finalmente, las opciones nacionalistas captan en total un 8,16% de los votos. Sintetizando la situación por grandes bloques, como se ve en las siguientes gráficas, ambos bloques, el de la derecha (con una pérdida de 5,29 puntos porcentuales) y el de la izquierda (con una pérdida de 2,87 puntos porcentuales) han perdido capacidad de convicción, pérdida que ha derivado en un desvío de un 8,16% de voto hacia las opciones nacionalistas. A la vista de las siguientes gráficas, se advierte que la proporción de captación de voto efectivo más elevada corresponde al bloque de la derecha, aunque la distancia entre ambos se ha reducido, ya que era de 5,34 puntos porcentuales en 2016 y ahora ha quedado en 2,91 puntos porcentuales.

Sin entrar en juicios de valor, los datos aquí presentados sintetizan el impacto que se produce cuando los grandes bloques se fragmentan y cuando entra en juego una tercera opción, en este caso de corte nacionalista. Como ya se ha mencionado, un amplio abanico de partidos permite una mayor expresión democrática del electorado, sin duda, pero un resultado electoral fragmentado puede tener efectos que van, desde el enmascaramiento de la voluntad mayoritaria a la dificultad que supone para los partidos el tener que abordar pactos y concesiones que, posiblemente, no sean del agrado de ellos y de sus electores y simpatizantes, ya que pueden sentir que no se corresponden con lo votado. Sin embargo, una vez celebradas las elecciones hay que proceder con el gobierno y con la oposición, ambos ineludibles por el compromiso adquirido, y para ello, hay que encontrar fórmulas que lo permitan. El electorado debe reflexionar acerca de este impacto y es el único que tiene el poder de decisión acerca de seguir progresando dentro de este nuevo orden del escenario político o cambiarlo, pero los partidos políticos también deben cuidar al máximo su gestión y el control de esta si desean evitar la fragmentación y, consecuentemente, las debilidades que de ella se desprenden en el ámbito de la gobernabilidad y el ejercicio de la oposición.

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