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Joaquín Rábago

360 grados

Joaquín Rábago

Un suspiro de alivio para la socialdemocracia europea

La victoria del PSOE de Pedro Sánchez en las generales españolas ha permitido un suspiro de alivio, al menos momentáneo, y enviado un necesario mensaje de optimismo a la socialdemocracia europea. Una izquierda que parecía no haber vuelto a levantar cabeza tras el espejismo que supuso durante algunos años su irreflexivo abrazo del neoliberalismo, tan sólo suavizado algunas medidas sociales. No resulta fácil olvidar lo que dijo en su día la mujer que más hizo para destruir el movimiento sindical británico, la conservadora Margaret Thatcher, en el sentido de que su sucesor, el laborista Tony Blair se había manifestado como su mejor discípulo. Sea como fuere, tanto los laboristas británicos como el SPD alemán tratan ahora de distanciarse de aquel legado y recuperar de ese modo al menos parte de la credibilidad perdida como partidos de izquierda.

Y es sobre todo Italia, ese país cuyos políticos siempre miran a España, la que mayor entusiasmo parece mostrar por el triunfo socialista, que contrasta con la lamentable situación en que se encuentra su propia izquierda. Así, en el semanario L'Espresso, el joven economista italiano Emmanuele Felice titulaba significativamente una columna sobre las elecciones españolas: "Todos a clase con Pedro contra los fantasmas del pasado". Para Felice, la victoria del líder del PSOE representa "una enseñanza vital para el Partido Democrático italiano y para toda la izquierda europea frente al desafío de los nacional-populistas". Es la de Sánchez, sostenía aquél, una España "europeísta, ecologista, feminista. También plural porque busca el diálogo con las autonomías antes que el enfrentamiento". Y aunque reconocía con pesar, en alusión a la irrupción de Vox en el Parlamento, que "la peor derecha" ha asomado también la cabeza en España, relativiza ese hecho al señalar su "clara derrota" en las urnas.

Porque se ha encontrado enfrente ese partido a un país "democráticamente maduro, de ciudadanos conscientes e incluso optimistas, que han visto en el PSOE y en su líder la alternativa a los fantasmas del pasado". Lo ocurrido ahora en España les parece a muchos europeos una especie de milagro, al menos en comparación con la suerte que han corrido otros partidos socialdemócratas como el alemán, el francés o el italiano, desorientados o hundidos en el desánimo.

El SPD alemán, cada vez más abajo en las encuestas, parece impaciente por liberarse finalmente del legado de Schroeder - su famosa agenda 2010 - pero también de la Gran Coalición con cristianodemócratas y cristianosociales bávaros, que le impide cobrar perfil propio.

Los socialistas franceses, canibalizados por La République en Marche del hoy presidente Emmanuel Macron, están casi desaparecidos, y algo así parecido ocurre con el totalmente desnortado Partido Demócrata de aquel Matteo Renzi que intentó mandar al "desguace" a la "vieja política" de su país y que resultó él mismo desguazado. Tan sólo parecen salvarse de ese desastre colectivo los socialistas de países más pequeños como Portugal, con el socialista Antonio Costa al frente de una coalición con Verdes y Comunistas que ha sido hasta ahora un referente para la izquierda europea.

Está también la izquierda griega de Syriza, el partido de Alexis Tsipras, pero a la que la famosa "troika" (Comisión, Banco Central Europeo y FMI) consiguió torcer el brazo con un rescate basado en medidas absolutamente draconianas que sólo han empobrecido a los ciudadanos.

En el Norte, algunos partidos socialdemócratas parecen recuperar algo de aliento como el del primer ministro sueco Stefan Löfven, que ha logrado al menos parar de momento a la extrema derecha de aquel país, o los finlandeses de Antti Rinne, que superaron sólo por la mínima a la ultraderecha en las últimas elecciones.

De la situación en los países ex comunistas del llamado grupo de Visegrado, sobre todo la Polonia de Jaroslav Kaczyinski y la Hungría de Viktor Orbán, con sus gobiernos nacionalpopulistas y xenófobos, mejor no hablar.

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