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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

Fairy es el ácido bórico del procés

Prosigue trepidante el Madrid-Barça arbitrado por Marchena, el único trofeo a que puede aspirar el madrileñismo esta temporada. Quienes se espantan ante las deficientes prestaciones de la crema de la fiscalía, deben recordar que el Supremo no es definitivo porque es infalible, sino que es infalible porque es definitivo. El relato de terror de una funcionaria, que reclama un helicóptero dos años después de que ocurran los hechos, no logra ocultar que no hay ninguna víctima de la rebelión. Fue un golpe de Estado tan postmoderno, que los premodernos Rajoy y Zoido no se enteraron de que se había producido.

Así transcurría un juicio que cuesta millones de euros para detectar malversaciones de miles de euros, y que sirve de altavox al secretario general de un partido de ultraderecha erigido en Gran Inquisidor. Hasta que llegó Enric Millo, el delegado del Gobierno del PP en Cataluña. Dejó el proceso visto para sentencia, al detallar el arma secreta de los golpistas. "Un agente me explicó que habían tirado Fairy en las entrada de las escuelas, para que los policías cayeran y les pudieran patear la cabeza". Ni Estrasburgo podrá con este argumento. Fairy significa fantasioso.

El Madrid-Barça es el mayor juicio mediático desde el 11M, con la pequeña diferencia de que allí se registraron 191 muertos y 1.800 heridos, por cero y cero respectivamente. En los atentados de Atocha, se aceptó que el colmo del disparate de la atribución a ETA correspondía al fenomenal hallazgo de ácido bórico en casa de un islamista, que un informe policial asociaba con la presencia del mismo matacucarachas en un piso franco etarra. Puesto que los autores de la matanza y los terroristas vascos se desplazaban en coche, forzosamente debían estar coaligados. Es el equivalente al fairy del independentismo. El Supremo, inútil para aclarar el barullo de las hipotecas, tal vez sea más solvente en el análisis de lavavajillas.

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