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Venezuela,otra realidad social

Los últimos acontecimientos que en Venezuela están sucediendo obligan a una reflexión necesaria en cuanto al futuro que le puede deparar al país caribeño. Por parte de todos los actores implicados. Desde el Gobierno Maduro hasta la oposición y todos aquellos que la han jaleado hasta ahora.

Básicamente,porque la sociedad "chévere"ha cambiado mucho en veinticinco años de bolivariato. El cambio ha sido notable. Con Hugo Chávez primero y después con Nicolás Maduro, las clases más humildes del país han accedido en masa a derechos como la enseñanza gratuita, la sanidad pública y algo tan elemental como una comida diaria. Todo ello,fuera de los circuitos de beneficiencia asistencial religiosa, tan comunes en América Latina.

Un efecto colateral del aumento del poder civil ha sido la disminución del peso de la Iglesia católica a nivel nacional. Pese a ser aún predominante en el país, la cúpula eclesiástica venezolana observa con temor la aceleración de la secularización de la población, cuando no el pase de esta última a otras Iglesias,tales como la evangelista o la metodista, en claro ascenso por toda la geografía nacional. Por ello el posicionamiento sin ambages de todos los obispos venezolanos a favor del presidente de la Asamblea Nacional.

Hay diversos motivos para pensar que, a pesar de que el joven político de La Guaira desaloje definitivamente al bolivarianismo, no va a poder resetear el país como si nada hubiere pasado. De entrada,el empoderamiento de la mujer, histórica protagonista secundaria en una sociedad de corte machista. Efectivamente, si ha habido un colectivo que se ha visto favorecido por las políticas chavistas,ése ha sido el femenino. Hoy ya no es extraño ver féminas ocupando puestos en la judicatura. U ocupando puestos de responsabilidad e ingeniería superior en la antes sacrosanta PDVSA , la petrolera nacional venezolana. Nadie cree que las mujeres vayan a ceder tan fácilmente sus nuevos derechos.

En segundo lugar (y aquí puede venir una cuestión muy espinosa ), la prometida Ley Agraria. Es decir, aquella ley o reglamentación que ponga fin a un problema muy común en Suramérica: la lucha por la tenencia y explotación del agro. Con el agravante añadido de que una de las primeras acciones del primigenio chavismo fue la de las ocupaciones de tierras, normalmente grandes latifundios. Bastantes de ellos, de origen colonial o del repartimiento de las tierras que determinadas familias criollas llevaron a cabo después de la declaración de independencia de 1823 como parte de la Nueva Colombia. O bien surgidos a partir de la declaración de república soberana (1830), episodio que marca el inicio del país como tal. Entre otros estamentos, Guaidó ha sido aupado por relevantes familias de expropiados que es de suponer van a querer cobrarse su lealtad con la invalidación de miles de escrituras de arriendo y propiedad otorgadas por el bolivarianismo. Siga Maduro o entre Guaidó, alguien deberá ceder en sus pretensiones: la excesiva atomización del campo venezolano lo está llevando a una alarmante pérdida de competitividad.

El tercer gran punto que debe asumir el país es la modernización industrial. Muy concretamente en dos sectores: turismo e hidrocarburos. En lo concerniente al primero, serán necesarios diferentes factores: clima político más sosegado, seguridad ciudadana,estructuras modernizadas y colaboración ( no imposición) entre sector público y empresa privada. En cuanto a los hidrocarburos, la renovación de las grandes torres extractoras es más que una propuesta. Es una necesidad vital: los sistemas utilizados hoy en La Guaira y lago de Maracaibo son herederos de la antigua tecnología de Standard Oil, más tarde Exxon. La cual cosa penaliza de asaz modo su rentabilidad. Otrosí podría decirse de la incomprensible obsolescencia de la considerada tercer gran planta de refino en el mundo: Paraguaná. Víctima de diversos incendios a lo largo de su corta pero densa historia, su puesta al día se hace necesaria para la supervivencia de un país que vive mayormente del oro negro.

No obstante, a día de hoy, el auténtico caballo de batalla no tenga que ver con las necesidades objetivas del país a escala macro, sino con esos alrededor de 18.000 millones de dólares que el Gobierno Trump tiene retenidos al Banco Central de Venezuela en entidades financieras norteamericanas. Habría alimentos y medicinas para todos.

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