Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Antonio Tarabini

Entrebancs

Antonio Tarabini

Vox: Perplejidades y riesgos

La derecha ha ganado las elecciones andaluzas gracias a Vox. Del cero patatero a doce diputados, convirtiéndose en el gozne de la gobernabilidad. No piensan mantenerse ni quietos, ni mudos. Y para muestra el primer botón. No piensan dar el "sí quiero" al PP/Cs sino retiran la Ley de Violencia de Género. Los cimientos parecen resquebrajarse, mientras los poderes fácticos (haberlos haylos) exigen calma a troche y moche. La ocasión de gobernar la pintan calva, y más aún si la dinámica electoral andaluza puede reproducirse en las elecciones municipales, autonómicas y europeas del 26 M. PP/Cs no retirarán la ley, pero pueden "reinterpretarla". Tal visión "común" ya tiene carta de ciudadanía. Según Isabel Díaz Ayuso, secretaria de comunicación del PP, "el feminismo exacerbado considera al hombre culpable por el hecho de serlo", afirmación que "casualmente" coincide con la propia de Fulgencio Coll, candidato de Vox a la Alcaldía de Palma: "El feminismo criminaliza todo lo que viene del varón". Tal como dice E. Juliana "Vox ha dado carrete a Casado y Rivera y ahora tira de la cuerda, sin ánimo de romperla". Al concluir de escribir estas líneas parece que ya "renegocian".

Pero, ¿cómo explicar el "revolcón" que parece puede producirse no sólo en el mapa electoral andaluz sino también en el español? El autoposicionamiento ideológico de los españoles es históricamente estable. La mayoría de las opiniones se sitúan en el centro-izquierda. El ascenso de Vox en Andalucía ha sido una sorpresa, que de momento sólo eleva ligeramente el lado derecho de la campana de Gauss, aunque últimamente refleja un cierto descenso de las posiciones "centradas". Ese descenso no estaba acompañado, sin embargo, de un crecimiento en la identificación política de los encuestados con la parte más a la derecha del espectro, probablemente porque una ideología de este tipo se consideraba inconfesable. Es muy posible que la subida de Vox en Andalucía rompa a partir de ahora el silencio de quienes se identifican con esa parte del espectro, de modo que se confirme el descenso de la altura de la campana y el aumento del lado derecho extremo de la curva. Pero, ¿cómo explicar tal cambio?

La polarización política de nuestras sociedades se está generalizando (Trump en EE UU y Bolsonaro en Brasil). El dominio de grandes partidos situados en el entorno del centro y del centro-izquierda (llamados "partidos de gobierno") han asegurado la gobernanza y la estabilidad en Europa durante décadas. Estos partidos sabían interpretar, cada uno con su orientación política, unos objetivos compartidos de la sociedad, entre los que se encontraban el reforzamiento del Estado de bienestar y la construcción europea. La aparición de partidos en los extremos (Frente Nacional en Francia, Movimiento 5 Estrellas en Italia, Ley y Justicia en Polonia€) introduce dudas sobre la identificación de esos objetivos que generan consenso. Cuando esas fuerzas políticas acentúan el nacionalismo (UKIP en Reino Unido€) podemos ir hacia una fragmentación de la Unión Europea y su consiguiente repercusión en el contexto político nacional. Tal como titulaba mi colaboración anterior, "lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer". La política no reacciona dando respuestas a las nuevas demandas ciudadanas. En España toda la derecha estaba ubicada en el PP, donde cohabitaban con mayor o menor éxito con sensibilidades de centro-derecha. Surge Vox como furúnculo y escisión radical del PP. Surge Cs como "modernidad" de centro pero que, día a día, escora a la derecha. Y aparece de Aznar como muñidor y aglutinador de la gran derecha: respuestas simples a problemas complejos.

En el ámbito de la izquierda el desconcierto en el diagnóstico se expande hacia el terreno aún más complejo de las respuestas. De entrada, debería asumirse (no significa resignarse) que estos comportamientos de la ciudadanía (insisto en su diversidad y complejidad) han venido para quedarse, porque tienen bases profundas y el viento de las tendencias globales sopla a su favor. Por eso, se debería rehuir de las respuestas tácticas e intentar que las luces largas nos permitan ver a distancia. No hay fórmulas mágicas, pero sí se deben y se pueden identificar algunas estrategias que nos permitirían hacer de cortafuego o contrafuego frente a otras que sólo conseguirían avivar el incendio. Coincido con J. Coscubiela al afirmar que "hace falta un proyecto para reconstruir el contrato social y democrático, taponando sus dos grandes vías de agua: el crecimiento brutal de las desigualdades y el agotamiento del modelo autonómico del 78".

Compartir el artículo

stats