08 de diciembre de 2018
08.12.2018
Tempus est iocundum

Lejos de los centros culturales

Los mismos que se llenan la boca reclamando la devolución de los Bous de Costitx, desconocen que en una sala de Museu de Mallorca está el de Talapi

08.12.2018 | 02:45
Lejos de los centros culturales

Los españoles se alejan de los centros. En ellos radican el seny, la razón y la pasión en dosis justas para no resultar letal. Lejos están la sinrazón, la visceralidad y la cortedad de miras. ¿Va de elecciones? Podría ser. Pero no. Después de una semana explicaciones densas y sesudas de lo que nadie vio venir, este artículo da la espalda a la política, sus discusiones y sus miserias. Hay que empezar de nuevo: los españoles y los ma llorquines se alejan de los centros culturales.

La nueva directora del Museu de Mallorca es Maria Gràcia Salvà. Esta semana ha explicado con qué planes llega a Ca la Gran Cristiana para resolver uno, no es el único, de los problemas de la entidad: "La falta de público, tanto autóctono como del exterior".

Para alcanzar sus objetivos planea informar a la gente de la "existencia" del museo –la situación es dramática si hay que empezar por ahí–, organizar actividades "po pulares, lúdicas, intelectuales y educativas", además de montar "exposiciones temporales atractivas y más modernas". Se sobrentiende que evitará que las humedades ataquen de nuevo las tablas medievales que hace unos meses sufrieron las consecuencias de la falta de mantenimiento del sistema de climatización.

Los cementerios están llenos de buenas voluntades. A la nueva directora del museo conviene avisarla de que es la responsable de sacar adelante una institución que no interesa a nueve de cada diez políticos. ¿Cuántos de nuestros representantes han recorrido sus salas?

Muy pocos de quienes corrían a doblar el espinazo cuando se pergeñaba es Ba luard y, por muy republicanos que fueran, acudían en fila india a la inauguración presidida por Juan Carlos I, han pisado las salas de la calle Portella. Las cantidades presupuestadas para adquirir obra han sido históricamente ridículas. En ocasiones, como ocurrió con Jaume Matas, hubo que recordarle que una tabla gótica había sido adquirida para el museo y no para adornar su despacho del Consolat.

Cuando en 1991 se produjo el robo del Plat de sa Llebra, una valiosa cerámica islámica del siglo X procedente de las excavaciones del convento de Santa Catalina de Sena, ninguna autoridad política se alarmó en exceso. Es más que dudoso que alguien se rasgara las vestiduras si un incendio devorara la destacada colección de pinturas góticas del museo. De hecho nadie se las rasgó cuando en 2007 el fuego devoró los valiosos artesonados que se guardaban en un almacén en el polígono de Son Fuster. Uno de ellos había sido rescatado una década antes cuando estaba a punto de ser subastado en Londres, a donde había llegado ilegalmente. El otro fue adquirido en la isla. Nunca fueron exhibidos en el museo.

Los políticos pondrían cara póker si unos ladrones muy sofisticados lograran hacerse con el tesoro mudéjar, el ajuar hallado dentro de una jarra en Sencelles. Los mismos que se llenan la boca reclamando la devolución de los Bous de Costitx, que se exponen en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, desconocen que en una impresionante sala del Museu está el de Talapi, que nada tiene que envidiar a los costitxers.

Esta es la realidad que se va a encontrar la nueva responsable del Museu de Mallorca. Una sociedad que da la espalda a la institución y unos políticos que ni sienten ni padecen en asuntos culturales. Los españoles y los mallorquines se alejan de los centros culturales. Sí, y también de los centros políticos, quizás porque un pueblo sin cultura es terreno abonado para los extremistas.

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