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Ramón Aguiló

Escrito sin red

Ramón Aguiló

Guerra de propaganda

Dos reacciones bochornosas: la llamada a un frente antifascista de Pablo Iglesias y la invitación de Ábalos a Susana Díaz para que abandone la dirección del PSOE en Andalucía

La batalla de las palabras de la campaña andaluza se prolonga tras las elecciones. Lo que ahora importa es legitimar o no al gobierno que pueda formarse y preparar la madre de todas las batallas: el atracón de las elecciones europeas, municipales, autonómicas y generales. Repasemos algunos calificativos. En la Transición los apelativos ultras estaban dedicados a quienes abjuraban de los principios de la democracia liberal y/o también defendían el uso de la violencia. En la extrema derecha, la Fuerza Nueva de Blas Piñar, los terroristas infiltrados por los servicios secretos: Batallón Vasco Español, Alianza Apostólica Anticomunista, Antiterrorismo ETA, Acción Nacional Española, Grupos Armados Españoles, Guerrilleros de Cristo Rey; algunos de sus integrantes formarían parte de los GAL. En la extrema izquierda, ETA, Comandos Autónomos Anticapitalistas, Exèrcit Popular Català, Front d'Alliberament Català, MPAIAC, GRAPO, FRAP. Había una derecha "dura", la AP de Fraga; una izquierda "dura", el PCE de Carrillo y satélites varios. Estos son los conceptos políticos del extremismo acuñados por la ciudadanía hace cuarenta años, por lo que las actuales acusaciones de PSOE y Podemos de ultraderecha a VOX pueden parecer a los mayores exageradas.

Si cambiamos de lugar la adjetivación, comprobamos que cambia el significado del calificativo. Derecha extrema tiene menor carga simbólica que extrema derecha; la primera podría tener cabida en el ámbito democrático, el peso está en el sustantivo; no así la segunda, donde el peso figura en el adjetivo. Lo mismo ocurre con izquierda extrema y extrema izquierda. Si, según el doctor Sánchez, el PSOE es la izquierda, Podemos, heredero del PCE, sería la izquierda "dura". Si el PP es la derecha, VOX sería la derecha "dura", pero no la ultraderecha. Se argumenta que VOX quiere acabar con las autonomías, la inmigración incontrolada, las teles autonómicas, las políticas de género, etc., cambiar la Constitución. Pero Podemos quiere acabar con la monarquía, declarar una España multinacional, reconocer el derecho a la secesión, abrir un período constituyente, cambiar la Constitución. Los mismos argumentos por los que el PSOE de Andalucía no va a hablar con VOX se pueden aplicar a Podemos. Los mismos argumentos cínicos para descalificar un posible acuerdo del PP con VOX que desglosó Sánchez la noche del martes en Tele 5, aportando la negativa de Merkel a hablar con AFD, o de Macron con el Frente nacional de le Pen, se le pueden aplicar a un desvergonzado Sánchez por su alianza con los independentistas catalanes y vascos, PDECAT, ERC, y los bilduetarras. De momento Ciudadanos, en contra de lo dicho por Sánchez, no ha manifestado intención de pactar con VOX; han apelado a un pacto con PSOE y PP para elegir a Marín.

España no se asimila aún a Europa en relación a la ultraderecha. Su vínculo es la inmigración y la precariedad de las clases medias. Abascal viene del PP y resulta patético que los voceros de Sánchez intenten descalificarlo porque Aguirre le diera trabajo. Por ese motivo deberíamos descalificar no sólo a Sánchez, sino a todo el PSOE y a todo el PP. La causa de la irrupción de VOX es la crisis catalana, algo específico de España, en la que el nacionalismo español no se ha sentido defendido por el PP. ¿Por qué han votado a VOX 400.000 andaluces? Porque en la tensión interior entre el temor de verse a sí mismos como parias de la sociedad democrática y sentirse ajenos a una política de género en la que la ley no es igual para hombre y para mujer, la televisión sectaria, la inmigración incontrolada, la corrupción de los partidos, y la pasividad del PP o la alianza del PSOE con el secesionismo catalán, la lucha por la identidad en vez de por la igualdad, ganaba el temor de verse a sí mismos excluidos de la corrección social. Hasta que el peso de la realidad, a la que son tan refractarios tanto el PP como el PSOE, atentos únicamente a mantenerse en el poder, ha hecho bascular el fiel de la balanza en el sentido de asegurar su propia percepción de la realidad frente al estigma derivado de la propaganda de PSOE y Podemos que anulaba su propia estima. Así, liberándose, han votado a VOX muchísimos exvotantes del PP y también del PSOE, que no todos se quedaron en casa; y 44 en el koljós de Podemos en la Marinaleda de Gordillo.

Dos reacciones bochornosas. La llamada a un frente antifascista de Pablo Iglesias, retrotrayéndonos a los años treinta, intentando disimular su fracaso electoral, sacando a la calle a los estudiantes, los más vulnerables a la demagogia, con episodios de violencia (Cádiz), intentando emular a su héroe, Münzenberg. La otra, la invitación de Ábalos, ese excomunista reconvertido a socialista, a Díaz, para que abandone la dirección del PSOE en Andalucía, en coherencia con la asunción de responsabilidades de los dirigentes del PSOE por los resultados de su acción política y el anuncio de la intervención de la organización andaluza por la ejecutiva federal, para regenerarla. ¡La mano derecha de Sánchez, el perdedor de las dos últimas elecciones, las peores del PSOE desde la Transición, el dirigente sin escrúpulos que acusa a los demás de no tenerlos, el autor del enjuague del CGPJ! Así, sin mentar a Sánchez respondió la sultana Díaz, vencedora en votos. Sin ruborizarse, el propio Ábalos rectifica al día siguiente: "Se me ha malinterpretado, Díaz debe impulsar la renovación". No son más caraduras porque no se entrenan.

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