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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

Que no nos salven de Vox

Cuesta reconocer que el PSOE está muy mal acostumbrado en Andalucía. O que todo resultado parece excesivo para candidatos de la nimiedad de Moreno Bonilla y Marín. De ahí que se carguen las culpas enteras sobre Vox, olvidando que si sus consignas pecan de delirantes, sus votantes son de carne y hueso. Eran demócratas irreprochables cuando votaban a quienes les han engañado, y pasan a ser despreciables al divorciarse de sus maltratadores. La intelectualidad manumisa y soporífera, que ha expulsado a medio millón de almas de los partidos tradicionales, pretende ahora liberarnos de Vox a garrotazos. Si los doctos persisten en su empeño, todo está perdido.

Aprenda a convivir con Vox, si aspira a derrotarlo. Ni satanizar ni banalizar, analizar con sosiego y dejar que ardan en sus contradicciones. El partido de ultraderecha moderada quiere suprimir Canal Sur, para crear el Canal Ultrasur. Y así sucesivamente. En cambio, el progresismo sacrificado en Andalucía confunde a los recién llegados con Donald Trump. Pretende aplicarles el programa de incineración que ha llevado al bufón de la Casa Blanca al borde de la reelección, ha capitalizado cada hachazo del New York Times.

Que no nos salven de Vox, porque la deformación hiperbólica de sus estragos es menos efectiva que una contemplación irónica de la importación a la actualidad del siglo XV o anteriores. La crítica debe apuntar desde el ridículo, guardando la ferocidad para una autocrítica que no asoma por ninguna parte. Entre los afectados, Podemos convoca a las barricadas después de haber aceptado a Marchena como presidente del Consejo General del Poder Judicial. El PSOE fracturado considera que la solución contra la inservible Susana Díaz es otra dosis. Y mientras ofrecen lo peor de sí mismos, aporrean al intruso bajo la pretensión de contagiarle los vicios, cuando solo le están cediendo los votantes.

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