13 de octubre de 2018
13.10.2018
Tempus est iocundum

Contra el olvido

Centenares de hombres y mujeres han perdido bienes que no son solo objetos. Son recuerdos de una vida

13.10.2018 | 02:45
Contra el olvido
Al menos una docena de personas han perdido la vida. Centenares de hombres y mujeres han perdido bienes que no son sólo objetos. Son recuerdos de una vida o de varias generaciones de una familia. Son la memoria sentimental de cada uno de los afectados por la torrentada.
Mientras unos sufren, otros avivan llamas que ni siquiera la manta de agua del pasado martes sofocará. ¿Era evitable la tragedia del Llevant mallorquín?, ¿se pudo prevenir?, ¿se pudieron paliar sus consecuencias? Los argumentos y las respuestas puestas sobre la mesa van en todas las direcciones.

Resulta evidente que el crecimiento urbanístico tan lucrativo como desordenado no ha tenido en cuenta que, en circunstancias extraordinarias, los torrentes que llevan siglos secos se transforman en ríos caudalosos y salvajes. Lo saben y lo explican expertos de la Universitat como Miquel Grimalt. La construcción de nuevas infraestructuras viarias acrecienta los riesgos, nadie puede negarlo. Meteorología ha anunciado que revisará sus protocolos para analizar si el sistema de alertas es efectivo o debe intensificarse. El también profesor Celso García narra que en Estados Unidos se lanzan avisos preventivos para que la población abandone las zonas más peligrosas o adopte precauciones aunque al final no pase nada. La actuación de los servicios de emergencia también debe ser testada para optimizar sus prestaciones cuando se desencadenan los desastres.

Todo debe ser analizado. Todo puede ser criticado. Sin embargo, sabemos con certeza que la seguridad absoluta no existe, y mucho menos frente a las fuerzas desatadas de la naturaleza. La historia nos lo recuerda a lo largo de los seis siglos que han pasado desde que el desbordamiento de la Riera de 1403 causó 5.000 muertos hasta la tragedia de esta semana.

Ahora, cuando ya es imposible regresar a las horas previas a la tormenta y adoptar medidas de precaución, están obligatorio revisar los acontecimientos recientes y trabajar a largo plazo. Pero, también desde hoy mismo, hay que trabajar para prever el olvido.

Los focos están puestos en este momento sobre Sant Llorenç. Los políticos, desde Pedro Sánchez hasta Pablo Casado pasando por Francina Armengol y todo el espectro político prometen ayudas inmediatas. Las aseguradoras anuncian facilidades para compensar los daños materiales de los afectados. La solidaridad se extiende a través de las redes sociales en busca de ropas y enseres domésticos para los damnificados. Los voluntarios, incluido Rafel Nadal, se agolpan en las calles para colaborar en las tareas de limpieza.

Dentro de unos días se marcharán las cámaras de televisión, los fotógrafos y los periodistas. Los informativos dejarán de hablar de Sant Llorenç y buscarán otra tragedia que conmueva a los espectadores, oyentes y lectores.

El nuevo riesgo que se cierne sobre el Llevant es el olvido. Olvido hacia las víctimas y sus familiares, necesitadas más que nunca del respaldo de los mallorquines. Tendrán que vivir un duelo que, según ha explicado la psicóloga Antònia Ramis, será social y no individual, al contrario de lo que ocurre cuando la muerte o la fatalidad golpean a una persona o a un solo núcleo familiar.

También existe el gran peligro de otro olvido: el institucional. No debemos consentir que después de las fotos de los políticos y las buenas palabras de las aseguradoras se imponga la maraña burocrática, la que justifica su existencia en poner trabas kafkianas para que las ayudas no lleguen o lo hagan tarde y mal. Este es el nuevo riesgo. Tampoco se podrá eludir absolutamente, pero tenemos la obligación de alzar la voz para denunciarlo.

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