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Carmen Pérez Novo

El placer de la lectura

No sé si estarán de acuerdo conmigo en lo que voy a decir a continuación. Personalmente, opino que no se ha inventado nada que tenga tantas propiedades como el libro. Y si no vean: importante medio transmisor de conocimientos y enriquecimiento personal, estimulador de nuestra imaginación, nuestros sentidos y emociones; también, sirve para colocarlo debajo de la pata más corta de un armario que trastabilla, para conservar el pétalo de rosa o el rizo de un cabello que nos ha enviado el amado/a, y, sobre todo, para adornar y llenar las librerías. Pero, a pesar de que estamos rodeados de libros por todas partes, dicen las estadísticas que cada vez se lee menos, sorpresa en los tiempos que corren en que se supone que la televisión, los videojuegos y el cine, han matado a la estrella de la poesía y el ensayo. Sin embargo, qué duda cabe, que el nivel cultural ha aumentado. En los hombres y en las mujeres ¿Podíamos decir, por tanto, que no es el libro el único objeto de transmisión de los conocimientos? ¿Es condición indispensable leer un montón de libros para saber más cosas? Quizás la sabiduría no esté en relación directa con la cantidad de libros leídos, sino que dependa más bien de los matices de la experiencia.

En cualquier caso, a las personas que nos gusta tanto leer, nos resulta difícil imaginar que haya tantas otras que no disfrutan de este placer tan barato, cómodo y sencillo. Por eso, todos los expertos hacen especial hincapié en que habría que leer un poco más, porque la lectura no sólo enseña, abre las mentes, sitúa acciones en momentos distintos del nuestro, sino que también nos permite conocer otros personajes y otros lugares, adentrarnos en mundos maravillosos y explorar lo desconocido. Sin duda es un ejercicio mental en el que nuestro cerebro participa activamente relacionando conceptos, ordenando ideas y provocando intensas reacciones de nuestra parte. Y, por supuesto, algo muy, pero que muy importante para tener en cuenta, es que también acompaña y, sobre todo, entretiene. Tanto es así, que al ser una actividad tan placentera, relaja y resulta muy útil para manejar el estrés. Por eso, quizás, para que los pequeños se acostumbraran a saborear este inmenso placer, deberíamos dejar algún libro encima de las mesas. Que sea el libro el que les llame. Y no sólo para aprender, sino también para disfrutar a tope.

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