13 de agosto de 2018
13.08.2018
Tierra de Nadie

Brutal

13.08.2018 | 02:45
Brutal
Regular o no desregular, he ahí el dilema. Frente a la duda, se desregula lo grande y se regula lo pequeño. Nos viene a la memoria el momento histórico en el que se desreguló la aviación comercial. Por nosotros, las autoridades dijeron que lo hacían por nosotros, para que la entrada de la competencia bajara los precios y pudiéramos viajar por cuatro euros. El resultado es que nos sacan los cuatro euros sin llevarnos a Mallorca. Los aeropuertos son una lotería. Con las huelgas, hay familias que este verano se han quedado en tierra, aunque por cantidades ridículas, eso sí.
-Un chollo, fíjate, cuatro billetes de ida y vuelta a Copenhague por menos de cien euros.
-Pero si os quedasteis en el aeropuerto por el paro del personal.
-Vale, vale, pero aun así sigue siendo barato. Menos de cien euros.

La competencia a veces mata. En Nueva York los taxistas se suicidan desde la entrada de Uber. No es broma, ha salido en los papeles: se pegan un tiro porque compraron sus licencias a precios de oro gracias a créditos que ahora no pueden devolver: ellos están regulados y Uber está desregulada. Ocurre lo mismo con los taxistas de Madrid o de Barcelona, que han de atenerse a unas normas que no se les exige a las empresas multinacionales, respaldadas por el gran capital. El top manta está regulado. Amazon, no. Esa alcoba que la viuda alquilaba a los turistas para sacarse un sobresueldo está ahora en vías de reglamentación. La anciana ha de reconvertir su domicilio en un piso turístico, para lo que necesita un extintor de incendios. ¿Pero dónde se compra un extintor de incendios?

Todo esto parece una versión de aquello que consistía en socializar las pérdidas y privatizar los beneficios. La diferencia entre los pobres y los ricos es que los ricos viven sin regla alguna. Los pobres pueden viajar por dos duros, sí, pero cuando llegan al aeropuerto les han suspendido el vuelo y no pasa nada porque Ryanair va por libre: ni siquiera piensa pagar las indemnizaciones. Los triciclos turísticos, en cambio, están sometidos a una normativa brutal.

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