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Jose Jaume

Desde el siglo XX

José Jaume

Iglesia Católica, publicidad engañosa

La jerarquía de la Iglesia católica emite un anuncio en el que enfatiza que carece de privilegios fiscales llegando a equipararse en obligaciones y derechos a otras confesiones religiosas

En los inicios de la década de los 50 del pasado siglo, la Santa Sede firmó un concordato con el Estado español en el que se reconocían a la Iglesia católica un sinfín de privilegios y prebendas, además de definirla como "sociedad perfecta". El general Franco estableció con el Vaticano de Pío XII, firme sostén de la dictadura, que el catolicismo era la religión oficial del Estado. Tras la muerte del general, Adolfo Suárez apañó el vetusto concordato, pero las mercedes regaladas a los obispos se mantuvieron incólumes. Tampoco las menguó Felipe González, mientras que J osé María Aznar les dio manga ancha para que pudieran inmatricular cuanto edificio se les ponía a tiro, cosa que han hecho y llevan a cabo a destajo, sin sonrojarse, hasta hacer de las diócesis los potentados inmobiliarios de España. Con José Luis Rodríguez Zapatero les fue otorgada una financiación de lujo. Mariano Rajoy les concedió, a través del peor ministro de Educación que ha dado la política española, José Ignacio Wert, todavía viviendo la vida regalada a todo tren en París a cuenta del erario publico, que la asignatura de Religión católica sea evaluable a todos los efectos. Bagatelas de poca monta las que amontona la Iglesia católica, siempre aguerrida cuando se cuestionan sus seculares privilegios.

Pero hete aquí que estima que carece de los mismos, que es tratada con el mismo rasero que las demás confesiones, que los poderes públicos no la consideran con la deferencia que por ahí las malas lenguas garantizan que disfruta. Así lo hace constar en una cuña publicitaria emitida por las cadenas de radio, en la que se niega taxativamente, en tono, eso sí, desenfadado, porque la averiada mercancía se presenta en conversación informal, en un bar, tomando el café de la mañana. Para la Conferencia Episcopal, la Iglesia católica ayuna de privilegios en España. Es una más entre las iglesias reconocidas. Cáritas, que siempre utiliza como coartada, no se financia esencialmente con fondos públicos.

El anuncio en cuestión se emite para que los contribuyentes rellenen la casilla de la Iglesia. La Conferencia Episcopal, que preside el cardenal Ricardo Blázquez, clérigo recatado en sus manifestaciones, alejado de la belicosidad que uniformaba al cardenal Antonio María Rouco Varela, que anheló devolver España a los tiempos del nacional catolicismo, fulminado por Roma de la archidiócesis de Madrid al cumplir los 75 años. No se le permitió ni el tiempo de gracia que se suele otorgar a los prelados en edad de jubilación. Incomodaba en exceso.

No debe de andar todo lo colmada que desean la tesorería de los obispos patrios, ni ser muy halagüeñas para sus terrenales intereses las declaraciones de la renta cuando se ven impelidos a emitir publicidad tan engañosa, tan alejada de la verdad, que prescribe ha de ser norma la doctrina que blanden. Sus ilustrísimas deberían hilar con mayor finura, no desbarrar en exceso, porque acaba por notarse, se torna contraproducente. Pueden publicitar que llevan a cabo una labor social impagable, que sus ansias por los más débiles son imperecederas, que atienden a los enfermos, dan de comer al hambriento, de beber al sediento, que cumplen a rajatabla las denominadas obras de misericordia enunciadas por su catecismo oficial entregado a los fieles, pero hacernos desayunar con la flamenca milonga de que carecen de privilegios guarda un gran parecido con la de los que jaleaban las infalibles propiedades de los crecepelos de antaño.

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