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Daniel Capó

Adiós al consenso sobre Irán

Los Estados Unidos se alejan del consenso europeo sobre Irán para adoptar la posición israelí, que siempre ha visto con desconfianza cualquier acuerdo con el régimen de los ayatolás. Ari Shavit, autor de Mi tierra prometida y uno de los intelectuales pacifistas más notorios de Israel, sostuvo que la firma de la paz nuclear con Teherán en 2015 había supuesto el mayor error estratégico cometido por los Estados Unidos desde que Bush ordenó el ataque contra Afganistán e Iraq. "Si Irán se nucleariza -declaró entonces-, nuestros valores se encuontrarán en peligro. Si el Oriente Próximo se nucleariza, entonces el siglo XXI será el siglo del terror nuclear". La cuestión, por supuesto, tiene que ver también con los equilibrios de poder entre los distintos actores políticos que pretenden el dominio de la zona: Irán y Arabia Saudí, por un lado -con un conflicto entre suníes y chiíes, que también tiene mucho de intrarreligioso-, y Turquía al norte, además del pequeño y amenazado Israel, por otro. A nadie se le escapa que la obtención iraní de la bomba atómica supondría una notable transformación del mapa geoestratégico de la región.

Aunque, en realidad, la confrontación ya es un hecho desde hace décadas. En el caso de Israel, desde su independencia. Los EE UU, por su parte, llevan en guerra desde 2001, aunque sea con distintos grados de intensidad. En sus ansias de expansión, Irán vio frenado su impulso militar tras el enfrentamiento con Iraq, pero la lucha contra ISIS le ha permitido recuperar el protagonismo. Un ejemplo claro lo tenemos en la guerra siria, donde Hezbolá -el brazo armado de los chiíes en el Líbano- ha participado de forma activa, manteniendo operativo el régimen de Bashar al-Ásad. La influencia de los ayatolás también es enorme en Iraq y creciente en el Yemen, lo que incomoda especialmente a los saudíes. A pesar de que la capacidad militar del ejército iraní no resulta todavía determinante, la obtención de armamento nuclear supondría un cambio de paradigma de enorme magnitud en la zona. Tras la ruptura por parte de la administración Trump del acuerdo multilateral con Irán -al parecer, en contra del consejo del secretario de Defensa, el general Mattis-, las dinámicas han vuelto a cambiar. Una Europa sin capacidad militar significativa observa con temor el nuevo escenario. Es probable que los turcos y los saudíes, en cambio, sonrían desde la sombra. Israel considera inevitable el estallido de una guerra en un futuro cercano. Para los analistas americanos, el conflicto en Siria viene a ser una guerra por delegación, como pudo suceder en la España de 1936.

Al final de su mandato, el presidente Obama optó por dar un giro posmoderno a la política internacional firmando la distensión con Cuba e Irán. Era el momento de las palomas y no de los halcones. Con Trump, vuelve la lógica pura del poder. Washington sabe que, con las sanciones económicas, la crisis volverá a adueñarse del país persa. Y confía en que así logrará romper el régimen de los ayatolás desde dentro. O incluso desde fuera. Porque Teherán sabe que, si decide activar de nuevo su programa nuclear con fines militares, el peligro de un ataque preventivo de Israel pasará a ser real. Europa, rodeada de poderes exteriores mucho más fuertes, contempla con pavor el nuevo escenario, consciente de que su capacidad de influencia es ya sólo un espejismo. Entramos de nuevo en un campo plagado de minas.

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