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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

Compadecer a los vascos

Cada mañana me levanto sobresaltado, al pensar en el colectivo favorecido al que tendré que compadecer en el día que se abre. Por estas fechas, me obligan a apiadarme de los vascos, por lo mucho que sufren. Tomemos a un cargo del PNV, quintaesencia del vasquismo y partido más votado en dicho territorio. Para empezar, el peneuvista es más nacionalista que nadie. Se libra así de ser español, que no es una ganga en las actuales circunstancias. De paso, apoya al Gobierno más reaccionario que ha ocupado La Moncloa. Cobrando, claro. No olvido que nuestro sufrido abertzale light también comanda en Ajuria Enea gracias al PSOE. Un contorsionismo semejante merece desde luego mi compasión.

Los vascos disfrutan además de fueros, cupos, conciertos y demás prebendas que no figuran en la nómina de las comunidades que les compadecemos con tanto ahínco. Gracias a estas condiciones literalmente privilegiadas, de ley privada, el gasto sanitario en el País Vasco supera en un tercio al existente en mi autonomía. Es una cuestión de vida o muerte, deslizándose hacia la segunda si requieres servicios especializados. El dinero para esta desigualdad procede de otras regiones españolas, según los estudios del BBVA que ningún peneuvista se atreverá a rebatir. Es decir, me empobrezco para enriquecer a Euskadi. Allí se vive más y mejor según los índices de renta, y al mismo tiempo son víctimas de un malestar indefinido. Me quito el sombrero.

Puede que todo lo anterior se hubiera conseguido sin ETA, pero el rehabilitado Marx prohíbe trabajar en condiciones hipotéticas, así que lo cierto es que se ha materializado mientras ETA. En miles de entrevistas por prensa, radio y televisión, me obligan hoy incluso a compadecer a los miserables empresarios que pagaban sin rechistar el impuesto revolucionario. Es decir, que financiaban el asesinato de ciudadanos más pobres que ellos, a menudo no vascos. Mi capacidad de comprensión hacia los pueblos ricos no tiene límites, pero hay mañanas en que creo que se fuerzan un poco las cosas.

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