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Merlí, filosofía en serie

Alguno de ustedes ya habrá visto la serie. Trata de un profesor de secundaria que imparte la asignatura de Filosofía en un instituto público de Barcelona. Un profesor poco ortodoxo y con mucho carisma que revoluciona el claustro de profesores y a los alumnos del instituto con su descaro y desprecio por el sistema clásico de enseñanza. Un seductor nato con sus luces y sus sombras. A quienes hemos estudiado filosofía o, mejor dicho, a quienes continuamos estudiándola, pues la filosofía tiene mucha más vida más allá de los muros asfixiantes de la universidad, esta serie nos interpela. Sin duda, la filosofía es un tema delicado a la hora de articularla en una serie de televisión, pues se corre el riesgo de caer en la densidad conceptual o en la pedantería. No es el caso. Cada capítulo lleva por título el nombre de algún pensador y la historia narrada sirve como hilo conductor del pensamiento del filósofo de turno. Filosofía aplicada a la vida. Para que luego digan que la filosofía no sirve para nada. La existencia sin un relato deja de ser existencia para degenerar en mera biología.

Los capítulos tienen ritmo y no sufren ningún lastre teórico. No olvidemos que se trata de una serie de gran audiencia, y no de una serie, digamos, de culto. Es ágil, fresca y, a su vez, nos hace pensar. Me recuerda a aquellos años de adolescencia y juventud en los que filosofábamos a pie de barra en la cafetería de la Facultad, en la playa o a gritos debido a los decibelios del bar de turno. Ya saben, el ser y la nada entre humo, risas y flirteos, que una cosa no quita para nada la otra. Aun así, íbamos en serio. Sin olvidarnos de regar las argumentaciones, algunas de ellas con el tono muy subido, con generosas dosis de alcohol y café. Y cada calada al cigarrillo suponía un instante de inspiración para el contraataque argumental. Como dice Marina Garcés, ese combate radical contra la credulidad.

Merlí, el profesor de la serie, interpretado por Francesc Orella, no se limita a dar sus clases y a exponer a grandes rasgos los conceptos esenciales de cada filósofo, sino que trata de ayudar al alumno en cuestiones vitales. No se cansa de recordarles la importancia de pensar por ellos mismos, aprovechando las andaderas de Sócrates, Descartes, Nietzsche, Engels, Hiparquia? la lista es larga. A ser rebeldes con causa, a no dejarse engañar, a ser críticos, a disolver razón mediante los dogmas y el anquilosamiento generalizado.

Merlí es consciente de que puede acabar siendo el típico profesor enrollado, amigo y colega de sus alumnos. De hecho, en algún capítulo acaba reconociendo sentirse harto de su papel de mediador excesivamente apegado a los problemas de los alumnos, quienes no dudan en pedirle consejo, incluso en tomarse demasiadas confianzas. A pesar de todo, sus clases entusiasman a los estudiantes y, poco a poco, ellos van quedando impregnados del pensamiento de los autores explicados y, sobre todo, de los modos y maneras de un profesor que es mucho más que un profesor al uso. Acaba convirtiéndose en un maestro de vida, con sus grandes virtudes y sus clamorosos defectos. En fin, un ser humano algo cínico, algo epicúreo que demuestra a sus alumnos que la filosofía no es mera abstracción inane, sino que puede y debe ser aplicada a lo diario, a los sentimientos, a la depresión, en fin, a la intensidad de las relaciones humanas. Se trata de una serie vital y carnal, pero animada por el sumo placer de pensar. Muy recomendable para todos los públicos, aunque de visión obligatoria para alumnos, profesores y padres.

Debo confesar que la serie me ha devuelto a aquellos tiempos efervescentes de aprendiz de filósofo.

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