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Jose Jaume

Desde el siglo XX

José Jaume

Prolongado descenso hacia el abismo

La demoscopia está siendo inclemente con el PP de Mallorca, la misma que en otros tiempos le regalaba vaticinios de mayorías absolutas o cosechas de diputados muy cercanas a la misma, ahora le castiga con desastres sin cuento, con números que le flagelan sin conmiseración. Eso es lo que se le dice, lo que cuentan los sondeos que se suministran periódicamente a la dirección del partido. El PP balear transita a un año de las elecciones en caída libre; todavía más dramático: certifican que no se ve suelo por ninguna parte; parece haberse evaporado aquel consistente fondo de armario que otorgaba una bien fundamentada tranquilidad al PP balear, porque sabía que, por mal que fueran las cosas, estaba en disposición de revertir la situación. Así era: si, por una carambola, gobernaba la izquierda regional, mal avenida y sin líderes de fuste (el hoy senador Antich es la encarnación de lo que no ha de ser un político con responsabilidades ejecutivas), a la vuelta de la esquina el PP volvía a su desempeño natural: ocupar las instituciones gobernándolas a su antojo.

Las cosas han mutado radicalmente. Si los oráculos aciertan, y nada permite atisbar que no lo vayan a hacer, el PP regional se halla a un año de vérselas con un cuadro desolador, porque no es ilusorio que tenga, caso de que las izquierdas no retengan la mayoría absoluta (lo que no descartan los hacedores de encuestas y los resultados de estas), que ofrecer su colaboración para que sea el candidato de Ciudadanos quien se aposente en el Consulado del Mar, sede de la presidencia de la Comunidad Autónoma. En el ayuntamiento de Palma lo mismo, solo que con mayor intensidad: en Ciutat la intención de voto a Ciudadanos se dispara. El partido de Albert Rivera esquilma a conciencia las bolsas electorales del PP, inabordables y bien nutridas en tiempos de José María Rodríguez, hoy un hombre con peripecia judicial por solventar. En Ciutat, la posible candidata popular, la inane Marga Durán, también permite a una desmayada izquierda conservar esperanzas razonables de obtener una nueva mayoría; de no llegar, será Ciudadanos, otra vez el partido de Rivera, quien situará a sus espaldas al PP que preside el desmadejado Biel Company, al que silentemente se busca sustituto (a). El exconseller de José Ramón Bauzá debería atender a los signos aparecidos en las alturas del PP: Mariano Rajoy lo ha arropado públicamente. Los antecedentes han de poner a Company en guardia, que vele, porque desconoce el día y la hora en la que su suerte quedará echada.

Ocurre que algo más que una nerviosa y desasosegada inquietud, preñada de un creciente temor, recorre la espina dorsal del PP balear. En el partido se tiene por cierto que, de darse los resultados de los sondeos, estarán en trance de descomposición: no son un partido que resista convertirse en apéndice de otro, en mera comparsa que aporta los escaños necesarios para garantizar la mayoría parlamentaria. Saben los populares que lo que se dilucida es si en el campo de la derecha se va a producir el recambio, la sustitución del partido alfa de las amplias clases medias por otro, que atiende por Ciudadanos. Sucedió en 1982, cuando UCD fue masacrada dejando expedito el camino a AP, la matriz del PP. Los tiempos son otros. Las situaciones distintas. En la izquierda no hay ningún Felipe González, pero los oráculos son tozudos en sus augurios: la desafección del electorado de la derecha hacia el PP adquiere un volumen catastrófico, tanto en la capital de las Españas, donde lo que acontece es dantesco, como en Mallorca.

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