13 de marzo de 2018
13.03.2018
Tribuna

El éxito de la huelga feminista

13.03.2018 | 02:45
El éxito de la huelga feminista
La huelga feminista internacional del 8 de marzo de 2018 ha sido un éxito. A estas alturas, ya nadie puede dudarlo. Aunque somos conscientes de que se ha abusado mucho de este concepto, esta vez es totalmente cierto: ha sido una fecha histórica, y marca un antes y un después.

De repente, ha emergido con una fuerza sorprendente un movimiento feminista más fuerte que nunca, más diverso, más transversal e intergeneracional, un movimiento feminista que hace visible, una vez más, pero esta vez quizá con más contundencia, los pies de barro de una democracia que, durante demasiado tiempo, se ha mantenido ciega a las reclamaciones justas e ineludibles de la mitad de la humanidad: igualdad de derechos, en todos los escenarios de la vida; corresponsabilidad en el ámbito familiar; acabar con el abuso que supone una brecha salarial escandalosa, con el acoso sexual, o con la violencia de género, que representa la máxima expresión de la discriminación y la desigualdad, y que se cobra la vida de millones de mujeres en todo el mundo por el simple hecho de ser mujeres; y también, como no, acabar de una vez con las mentiras de un patriarcado que intenta sobrevivir como sea, y al que, desgraciadamente, algunos partidos políticos, y todavía más triste, algunas mujeres de esos partidos políticos, le siguen haciendo el juego. Pero la historia dejará atrás a aquellos que no han sabido calibrar la importancia de este día, como decimos, histórico. La sociedad, más temprano que tarde, les pedirá cuentas. Quienes siguen intentando ningunear el movimiento feminista, con mentiras, burlas y demás estrategias zafias, los negacionistas que, por miedo a perder sus ilegítimos privilegios, se mantienen en sus trincheras casposas y trasnochadas están perdiendo el tren de la modernidad, el tren de la justicia y la paz.

Quizá estemos ante una nueva ola de feminismo, la cuarta, la de la paridad y la corresponsabilidad 50/50, la de la representación armónica en todos los ámbitos de la vida sin concesiones: en el político, en el económico, en el social? desde el más humilde hasta el más importante. Somos conscientes de que la retroalimentación permanente entre neoliberalismo y machismo marca unos retos complejos, tanto a nivel micro como macro político, pero el ejercicio de la sonoridad y el tejer redes de complicidades, también con aquellos hombres buenos que son capaces de despegarse de todas aquellas capas de masculinidad hegemónica y violenta, puede hacer realidad el sueño soñado por tantas y tantas mujeres que nos precedieron de un mundo más justo, más sostenible, más humano.

Pero deberemos gestionar bien esta nueva etapa. En los últimos días ya hemos visto como, sin ningún tipo de pudor, algunos partidos, históricamente contrarios al feminismo, se suben al carro, incluso queriéndonos dar consejos. Estamos viviendo ejemplos abrumadores de mansplaining, es decir, de cómo quieren explicarnos ellos a nosotras, de la manera más insultantemente paternalista, lo que es el feminismo de verdad, y lo que tenemos que hacer las feministas a partir de ahora. Intolerable. Escuchar a algunos tertulianos darnos lecciones desde sus poltronas televisivas da repelús? Pero el movimiento feminista va a ser capaz de ignorar sus torpes intentos de asumir nuevamente el mando. El patriarcado está nervioso, y tiene razones para ello. Ahora, más que nunca, sabemos que el futuro será feminista o no será. ¡Pongámonos manos a la obra compañeras!

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